Persona negativa….si, pero con metodo.

¿Quieres ganar méritos para que día a día te vayas convirtiendo en una persona depresiva? En este artículo te muestro 10 consejos que puedes seguir si quieres convertirte en una persona negativa

1) Deja de estudiar, de formarte, de leer, en definitiva, de ser curioso.

Hace poco leí un artículo en el que se afirmaba que el trabajo de los niños y adolescentes es estudiar. Estoy totalmente de acuerdo. Mediante la formación, el conocimiento y la cultura se abre un mundo de posibilidades infinitas.

Esta filosofía educativa no acaba en la juventud. Siempre se puede seguir conectado con la formación, la lectura, la cultura. Si no le das un sentido educativo a la vida te estarás perdiendo una gran oportunidad para hacerla más agradable.

2) Conviértete en un egoísta.

Mira únicamente por ti, rechaza todo aquello que te suponga un esfuerzo y satisface todas tus necesidades sin privarte de nada

3) Odia el trabajo.

El trabajo no está hecho para ti, que trabajen otros. Ya veremos cómo salimos adelante, seguramente tengamos que vivir de otras personas

4) Ama al dinero.

Que el dinero presida tu vida y condicione tus decisiones más importantes: juega a la lotería con la esperanza de alcanzar la felicidad

5) Odia a la gente.

Que todo el mundo te caiga mal, sólo busca los defectos de la gente que te rodea y aíslate en tu mundo y ahógate con tu propio ego.

6) No olvides ser pesimista.

Cada día que te levantes piensa que todo va a seguir siendo tan aburrido, monótono y triste como hasta ahora. Además, como estás solo/a nada va a cambiar. Tranquilo/a nadie va a venir a sacarte de tu triste vida

7) Túmbate en el sofá y mira la tele mínimo 5 horas al día.

Una vez escuché que la cama mata. Lo mismo podría aplicarse al sofá de tu televisión. Evita por todos los medios salir a dar un paseo o ir a hacer deporte.

8 – Comer comida basura, fumar, beber alcohol y nunca realizar ejercicio.

La verdura, la fruta y el ejercicio son para niñatos/as. Como tu eres un duro/a, bebes y fumas todos los días después de comerte tu pizza, hamburguesa o bollo preferido.

9) Aficiónate a los programas de sucesos.

No sé de qué país eres pero seguro que en tu televisión dan ese programa cargado de noticias funestas: asesinatos, abusos, maltratos y cualquier otra noticia negativa que se tercie. Túmbate en tu sofá y no te olvides de tu buena dosis de noticias funestas

10) Critica y juzga a los demás.

No te pongas nunca en su pellejo, no busques lo que significa la palabra empatía porque te alejará de tu objetivo de querer sentirte mal.

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Cuando nos invade la nostalgia.

De pronto, uno se siente invadido por imágenes, resonancias, palabras o sensaciones del ayer. Se da cuenta de que no es un mero ejercicio de la memoria, ya que, acompañando esos trazos de vida vivida, amanecen vagas emociones que parecen instalarse definitivamente en nuestro interior. Ocurre entonces que de aquellas emociones imprecisas despierta un enorme sentimiento que cubre todo nuestro ser con su presencia. Es como si de golpe todo el pasado vivido quedara resumido en esa estampa agridulce. Como si el tiempo se atorara con el único propósito de meternos en la encrucijada de ser lo que ya no podemos ser.

Hay sentimientos más llevaderos que otros; sin embargo, el de la nostalgia puede llegar a doler. Menuda encrucijada someterse al quiero y no puedo. Vaya plan perderse en el laberinto del tiempo sin poder salir de él sin sufrir, añorando un regreso imposible. No obstante, algunas personas descubren en tal pasión una forma adictiva de vivir, un refugio para su incomprensible vida, un exilio interior que llena los vacíos de su existencia.

El regreso sufriente

“Los únicos acontecimientos importantes de una vida son las rupturas. Ellas son también lo último que se borra de nuestra memoria” (E. M. Cioran)

La palabra nostalgia se nutre, en su raíz griega, de nostos, que viene de nesthai (regreso, volver a casa), y de algos (sufrimiento). Podría definirse entonces la nostalgia como el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. Según adónde queramos regresar podremos observar, al menos, tres formas diferentes de nostalgia.

La primera es la puramente sentimental, una especie de lamento de las pérdidas de nuestra vida, como pueden ser, por ejemplo, los amores pasados. No es de extrañar que el primer amor sea aquel al que siempre regresamos, sobre todo cuando las cosas no nos van bien en las relaciones actuales, o por ausencia de ellas. Parece que encontramos refugio regresando al centro de los días en los que la única preocupación era descubrir el dulce sabor de los primeros besos. Siendo como es un bonito recuerdo, con la nostalgia se convierte en una desesperanza.

Atesoramos experiencias cuyo significado ha calado tan hondo en nuestra existencia, que su inesperado recuerdo nos traslada hasta ese mismo instante en el que logramos aquel éxito, en el que surgió el amor, en el que vivimos con intensidad, en el que descubrimos a Dios o en el que nos pareció que estábamos cambiando el mundo. Tal vez no repetiríamos los mismos acontecimientos, pero qué duda cabe que volveríamos gustosos a envolvernos de los mismos sentimientos.

Elogio del tiempo pasado

“El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia” (Milan Kundera)

Una segunda manera de vivir la nostalgia es la que representan aquellas personas que viven sin desprenderse nunca de su pasado. Lo recuerdan adrede, lo revisan en fotos o vídeos, lo mantienen vivo en cada conversación (fuimos tan felices…qué bien lo pasábamos… tenemos que volver… ¿te acuerdas de…?).

Es una manera de permanecer a través del tiempo, lejos de abrir los ojos a su realidad más inmediata, tal vez más oscura que la de aquellos años que fueron tan felices. Por supuesto, es una falacia, una interesada comparación, porque ni aquellos días fueron tan increíbles, ni los de ahora son tan grises. Ocurre, eso sí, que al creer con convicción en el determinismo del pasado, todo lo bueno que exista ahora en sus vidas será difuminado para no estropear el añorado recuerdo con el que se quiere vivir.

Elogiar el tiempo pasado desde la gratitud puede entenderse como un acto de alineamiento interior. Poder mirar atrás, lo vivido, en paz y tranquilidad. No se trata de evitar una presencia nostálgica, sino integrarla como parte del inmenso don de haber podido vivir momentos de tanta plenitud.

Sin embargo, cuando todo “era mejor antes” tenemos un problema existencial. No existe armonía entre lo vivido y el ahora y el aquí. La nostalgia entonces deviene una armadura contra lo real. Una obsesión del regreso.

El mito del eterno retorno

“Nada hay tan dulce como la patria y los padres propios, aunque uno tenga en tierra extraña y lejana la mansión más opulenta” (Homero)

La última de las nostalgias que estamos observando tiene mucho que ver con la idea del regreso a casa. Es la nostalgia de los griegos convertida en mito a través de la figura de Ulises, en su larga travesía de retorno a Ítaca. Vivir puede asemejarse a un largo viaje, lleno de aventuras, de infortunios, de alegrías, tristezas, azares y desesperanzas. Sin embargo, detrás de cada envite, de cada puerto visitado, de cada amor entretenido, persiste la nostalgia de volver al hogar. Uno anda buscando siempre la manera de regresar a casa, como símbolo del encuentro con la propia paz interior.

A menudo esa paz también se encuentra en el regreso a los contextos que nos construyeron durante la infancia y la adolescencia. En ese sentido, los pueblos, sus gentes, sus calles, sus entornos, configuran una trama de paisajes, olores, fotogramas y secuencias de nuestras andaduras ancladas en nuestro sistema emocional. Mucha gente, cuando llega la hora del retiro del mundanal ruido prefiere regresar a sus lugares de origen y reencontrarse con esas viejas emociones, cerrando así el círculo de la existencia. También nuestras almas encuentran reposo en la serenidad, como nostalgia de aquel lugar eterno al que regresaremos algún día. Por eso Luc Ferry, el filósofo francés, etiqueta de cosmológica este tipo de añoranza.

El yo que ya no existe

“Deberíamos utilizar el pasado como trampolín y no como sofá” (Harold McMillan)

¿Qué función puede tener entonces la nostalgia? Sin duda, acordarnos de aquel que fuimos y poder observar al que somos ahora. El sentimiento de añoranza no deja de ser una pérdida por un yo que existió. Forma parte de nuestra historia personal y a veces se entromete en nuestra cotidianidad para que le hagamos un espacio. No obstante, al momento siguiente regresamos de nuevo al ahora, a nuestro yo actual, que puede admirar serenamente cómo la vida es puro movimiento.

En la línea de Heidegger, el ser humano concreto se experimenta como urgido a renovar, de un modo dramático y liberador, un pasado más o menos nostálgico o privilegiado con el fin de ir asumiendo más lúcidamente su futuro, individual o colectivo.

También lo reflexiona Manuel Cruz, catedrático de la Universidad de Barcelona, cuando pregunta: ¿Qué sentido podría tener la nostalgia por un pasado que atribuiríamos a un yo diferente del actual? ¿O la melancolía por lo que pudo haber sido y no fue… de otro? ¿Tendría más sentido la ilusión por lo que pueda esperarle a alguien que tal vez ni siquiera sea yo mismo? Una vez más, andamos al encuentro de nuestro ser en el tiempo. Debemos interrogarnos sobre el sentido de la identidad, el ritmo de la vida y qué hacer con nuestro pasado. Lo cierto es que no descansamos en paz, hasta poder diluirlo en el flujo de la existencia.

FUENTE: EL PAIS 

XAVIER GUIX 17/04/2011

Un nuevo camino.

Las religiones suelen aparecer en momentos como este de crisis social y estoy pensando en crear una nueva aprovechando el momento. Ya que el mercado de las religiones que parten del dolor humano está completo, la mía va a partir de la felicidad de vivir y la alegría de los pequeños momentos.
Lo primero, aunque no entiendo la importancia que pueda tener, es explicar el principio del mundo, pero como en el fondo lo explican de la misma manera tanto ciencia como religión, pues me la salto. En esta religión el dios creador y protector es una persona cercana, que no hace milagros en plan aplausos sino que cuida los pequeños detalles, da consejos y a veces hierra, así no hay intermediarios que desvíen la atención hacia lo importante: El camino a seguir hacia la felicidad. Para mí, la felicidad es quizá un metro cuadrado de tierra sin nada que lo pise y cuando lleguemos a él, debe ser nuestra alma la que se sienta plena. Cuando se llega a ella, en el horizonte se dibujará una nueva montaña, quizá con otra inclinación, otra vegetación y otra compañía.
Mandamientos mejores que la Carta de los Derechos Humanos no encuentro, así que esa será el contenido del libro sagrado, las prohibiciones, derechos y deberes de todo el que quiera formar parte de esta nueva idea.
Si reflexionar sobre el principio del mundo no tiene cabida en esta nueva religión, tampoco la tiene el paso posterior a la muerte. Las religiones se autoproclaman Verdaderas y eso crea disputas entre ellas . Creando un extraño mercadeo de fe.
Esta nueva religión está abierta, depende de la experiencia de cada uno y solo exige la igualdad entre seres vivos. Es tan grande la variedad de religiones que lo mejor es picotear y quedarse con lo que nos venga mejor de cada uno.

Quizas…el verdadero sentido  de las religiones no se encuentre solo en una, quizas la Verdad esta oculta en todas ellas, quizas  esto sea asi por algun motivo, quizas……..

Pero esto ya es otra historia…o quizas no.