MIRADAS ANTIGUAS

 

Cuando veo llover imagino que la lluvia escribe sobre el suelo miles de frases…siempre distintas porque siempre llueve distinto. Y me imagino que puedo pedir un deseo, elegir una de las miles de frases que las nubes escriben en el polvo y que ese deseo se convertirá en realidad.

Una realidad ya pasada, un pasado que nunca pasara, porque hay cosas que jamás se pueden olvidar, por mucho tiempo que pase…. Una sonrisa… una mirada… unos ojos de gata…. No definitivamente aunque queramos obviar ciertos recuerdos o sensaciones, hay cosas que no quedaran en el olvido, si no en el mas presente de los pasados.

Pero a pesar de todo….un año nuevo siempre nos traerá nuevas sensaciones, nuevas miradas, aunque  nosotros solo queramos recuperar las miradas pasadas.



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Feliz Navidad … a pesar de todo.

A pesar de que se duermen
mis sentidos por rutina.
A pesar de esta apatía
que bosteza enmohecida.
A pesar de muchas broncas
que quedaron escondidas.
A pesar de mis fracasos,
mis pecados, mis caídas.
A pesar ya de ilusiones
que están por siempre dormidas,
y de fantasmas internos
prendidos en mis pupilas.
A pesar de que me invento
muchas veces la sonrisa.
A pesar de que me trague
mis verdades, mis mentiras.
A pesar de mis defectos,
de mi cólera, de mi ira,
y de mis eternos miedos
que desde mi alma silban,
y que viva disfrazando
mis pequeñas cobardías.
A pesar de mi pasado
que me espía a escondidas.
A pesar de mis angustias
que rasguñan mis costillas.
A pesar de mi energía
que se agota, se termina,
y del paso de los años,
de mis luchas, mis heridas.
A pesar de todo eso….
FELIZ NAVIDAD.

Miradas Navideñas

 

Al contrario de los múltiples mensajes que desean una feliz Navidad,  mi mensaje de hoy es un espacio para la reflexión, independientemente de si Jesús nació un 24 de Diciembre, o si festejamos el solsticio;  o si solo festejamos la llegada de las ventoleras Decembrinas;  adobadas con las ocurrencias de algún genio del marketing que nos vendió la idea de un ridículo viejo gordo con una riza forzada.

Independientemente de todo esto la navidad y el año nuevo,  son fechas que en general invita a estar juntos y celebrar;   para algunos que hemos perdido a seres queridos en estas épocas es tal vez es la ocasión de aprender una nueva lección con ese maestro inefable que es el dolor.

A pesar de que el duelo es la explicación de un gran número de “tristezas navideñas”, lo cierto es que para otras personas no existe tal razón.  De hecho  en palabras de algún prestigioso psicólogo  “parece que rehuimos de la felicidad, la tristeza y la melancolía como de algo muy negativo, cuando en realidad se trata de emociones que nos aportan mucha información, si sabemos escucharlas”.   En otras palabras estos estados de melancolía sin causa aparente pueden emplearse como un medio positivo de conocimiento, en vez de como una mera fórmula para la autocompasión.

Nosotros que estamos en posición de manejar nuestra circunstancia podemos analizar realmente nuestro motivo de tristeza o felicidad pero demos una mirada a las calles de nuestro mundo mas cercano

Ya comienzan a reunirse en separadores de las avenidas y en las esquinas de las calles multitud de niños desplazados con la miseria es sus caras,  pidiendo monedas,  que en algunos caso ayudaran a mitigar el hambre diaria y en otros servirán para comprar “bóxer” o alguna otra droga barata que los saque de esa triste realidad.

Ya en las empresas y en los clubes se organizan colectas para llevar regalos a los “niños pobres”,  con raras excepciones  filantropía de plástico de las  castas más cercanas al dios dinero.

Ya se llenan los hospitales atendiendo a niños quemados con pólvora,  o  conductores ebrios moribundos,  o simples personas que estaban en el lugar equivocado cuando uno de estos irresponsables  o una bala perdida simplemente tuvo el desacierto de encontrarlos.

Ya lloran las madres, atormentadas por la imagen televisiva del reencuentro con el hijo amado,  porque ellas saben que su hijo no volverá pues murió en una guerra fratricida sin sentido,  o peor aun  no sabe si vive pues hace muchos años esta secuestrado.

Pero adelante veamos el lado bueno,  mal que bien,  una limosna es un día menos de hambre y un pedazo de plástico puede hacer la felicidad en la cara de un niño,  mal que bien el marketing de esta época tiene mensajes positivos que  propenden por el amor y la unión,   pero esto es acaso suficiente,  yo creo que no,  que mas podemos hacer,  que mas puedes hacer tu mi querido lector por mejorar un poco el entorno ue nos toco en suerte.

La Navidad tal como la propone el catolicismo es época de nacimiento, que tal el nacimiento de la conciencia social,  del amor sin distingos de raza,  credo o clase social.   Que tal si comenzamos por el  nacimiento del amor y la paz en nuestros corazones.

A los que han  perdido seres queridos en esta época,  solo me resta decirles ue ellos terminaron su misión y si los recordamos con amor es por que lograron su cometido.

CADA UNO SOMOS MUCHOS

Hasta hace bien poco me habría definido a mi mismo como un pensador. Ésa era mi identidad. El tema por excelencia solía ser Yo. Y es que durante estos años he dedicado una cantidad enorme de tiempo y energías a la introspección. ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Cuales son mis miedos, gustos, pasiones, debilidades? ¿Qué me define? He llegado a conseguir una capacidad seguramente envidiable para éste tipo de análisis y creo que me conozco mejor que muchos a sí mismos. La pregunta es: ¿De qué me ha servido?

Cada uno somos en realidad 3 personas:
– El que creemos ser.
– El que ven los demás.
– El que realmente somos (que es una suma de los anteriores y algo más).

Por mucho que uno lo intente no es posible conocer al 100% a ese “yo real”. Para empezar siempre se tendrá una visión distorsionada de si mismo (en especial últimamente me estoy dando buena cuenta de ello). Siempre habrá algún detalle que se nos escape y vean los demás, y otros detalles que se nos escapen a todos pero estén ahí. La visión de uno mismo, incluso conociendo todas las opiniones ajenas posibles, siempre será incompleta.

Además hay que tener en cuenta que el “yo” no es algo fijo, no es una mariposa que puedas clavar en el corcho con un alfiler para estudiarla. Es como humo, cambia a cada segundo, serpentea, fluye… Cada pensamiento, cada idea, cada decisión, cada expencia nos cambia. Tratar de analizarlo como algo inmutable es absurdo. Se puede llegar a captar la “esencia” de una persona, sí, pero ésta es, por defición, una idea vaga, una huella irracional. Somos como el río de Heráclito, que ningún hombre puede cruzar 2 veces.

Y por último no hemos de olvidar que el acto de estudiar algo altera al objeto de estudio. El acto de analizarte te condiciona. En mi caso, por ejemplo, el enumerar mis miedos y tratar de estudiarlos para conocerme a mi mismo estoy convencido de que los ha hecho más fuertes. El hecho de conocerlos ha conseguido que los tuviera siempre más presentes y me afectasen más en mi vida de lo que habrían hecho si no les hubiera prestado tanta atención.

Así pues es imposible conocerse a uno mismo al 100%. Pero no estoy diciendo que haya perdido el tiempo estos años (el trillado “he desperdiciado mi vida”). Creo que he adquirido ciertas capacidades y conocimientos útiles. Sin embargo va siendo hora de dar el siguiente paso, de cambiar de dirección.

Se dice que en las artes marciales cuando el practicante llega a dominar todas las técnicas debe olvidarlo todo y empezar de nuevo. Parece un sinsentido pero es así. Una vez controla los movimientos debe olvidarlos y volverlos a aprender, con una nueva forma de verlo todo que sólo se consigue con la experiencia previa. Todos coinciden en que a partir del cinturón negro es cuando empiezan a aprender de verdad. Éste es el tipo de cambio del que estoy hablando. Debo olvidar todo lo que he aprendido sobre de mi mismo para que mis miedos y mi concepto de mí mismo dejen de ser un lastre. La introspección ya me ha aportado todo lo bueno que podía aportarme. En cambio lo malo que me sigue aportando no se agota. Si quiero seguir desarrollándome como persona tengo que continuar por otras vías.

Debo empezar de nuevo, olvidar el cómo creo que soy, y no tratar de rellenar el hueco de la misma manera en que lo he hecho hasta ahora. Debo pensar menos y actuar más. Debo dejarme a mí mismo atrás y seguir andando, a ver qué pasa. El hueco se llenará sólo.

Últimamente me he dado cuenta de que lo que consideraba gente normal no es tan diferente de mi. Tienen sus miedos, paranoias, traumas, inseguridades y neuras. La diferencia radica en que yo me siento en lo alto de mi torre y escribo sobre ellos, les dedico toda mi atención. Los “normales” siempre están avanzando. Tienen esos miedos, pero no les hacen caso, avanzan pese a ellos, a veces incluso a ciegas. Tropiezan, caen, se pierden, dan rodeos… pero siguen avanzando. Al estar en movimiento toda esa carga de miedos no llega a echar raíces. Yo, en cambio me quedo sentado en cada encrucijada. Intento averiguar a dónde lleva cada camino, cuál será el correcto. Me da tanto miedo equivocarme que me quedo allí parado, incapaz de decidir. Tengo la sensación de haber permanecido varado todos estos años, pensando qué hacer con mi vida, mientras los demás se dedicaban a vivirla. A veces les iba bien y otras mal. Pero avanzaban.

Estoy hablando de un cambio. No es un cambio mágico. No es un “a partir de mañana voy a convertirme en este tipo de persona”. Más bien es dejar a un lado esa parte de mi que se dedica a la introspección dejar que el hueco se rellene sólo. En otras palabras, dedicar el tiempo que antes empleaba en mirarme el ombligo (compadecerme, analizarme, estudiar mis miedos…) a otra cosa. Seguir siendo yo pero prescindiendo de esa parte. Lo bueno es que no necesito inventarme nada con que llenar el hueco, basta con hacer cosas que me gustan. Paseos en moto, proyectos locos, filosofadas, escribir, paranoias, leer, escaparme un rato al Perdón y observar la ciudad… Son cosas que ya hago y a las que me gustaría (y debería) dedicar más tiempo. Actuar más, aunque no tenga mucho sentido, y pensar menos (sobre todo en mí mismo).

En el fondo no es nada nuevo. Llevo varios hablando de la necesidad de un cambio, incluso de que ese cambio ya ha comenzado. Ahora sólo lo he definido y concretado un poco.