Abriendo Caminos…

 

Abrir la mente… y los sentidos…
Yo creo que los sentidos están incorporados a la persona, pero lamentablemente muchas veces los tomamos como algo que simplemente está ahí, y no les prestamos atención. De ese modo nos estamos privando de disfrutar los placeres que a través de ellos nos llegan. Sí, tengo ojos, orejas, lengua, piel y nariz. Casi todos tenemos eso. Y se usan para las funciones que corresponden. Ver, escuchar, degustar, sentir frío o calor, sentir los olores. Bueno, pero este uso de los sentidos se limita a lo funcional propiamente dicho, no hay ‘explotación’ ni desarrollo de los mismos. Si uno presta atención a cada uno de los sentidos, y los entrena, llega un momento en que nuestras manos pueden tocar a alguien y reconocer esa piel entre cualquier otra. Cuáles son los aromas que te gustan? Podrías nombrar diez ahora mismo? Si no se puede es porque uno no se conoce… saber los nombres de los sabores, reconocer los distintos sabores, etc etc. Cuando todos los sentidos juntos se activan más allá de la función propiamente dicha, las percepciones se potencian y las hacen muchísimo más placenteras, o también displacenteras.
En cuanto a la mente… es un escalón más arriba.
No se hace de un día para el otro, ni de un momento para el otro. Son años de entrenamiento, y depende de la educación que uno ha recibido, la formación familiar, la sociedad en la que se ha crecido, el ‘mundo’ que se conoce, las experiencias, la idiosincracia del país en el que se vive, el conocimiento al que uno ha sido expuesto, depende de muchas cosas.
Mientras más se conozca de todo, más se abre la mente.
Si no conozco nada, o mis conocimientos del mundo son limitados, pues a eso se circunscribe mi mente, a lo conocido y nada más. Está como cerrada la mente.
Hay que expandir el conocimiento. Para expandir el conocimiento, lo principal que hay que hacer es observar. Observar, con los ojos, sí. Potenciando uno de los sentidos. También escuchar, experimentar, investigar, interesarse en qué más hay además de lo que conozco, pues el mundo no es solamente lo que yo conozco o creo conocer…
Es muy difícil de explicar este concepto.
Digamos que no hay una fórmula para abrir la mente, sino que más bien es un proceso personal

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Cerrando Puertas Viejas

 

O cerrando puertas. O cerrando capítulos. Como quieras llamarlo.

Lo importante es poder cerrarlos. Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿La amistad se acabó? Puedes pasar mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cuál hecho.

 

El desgaste va a ser infinito porque en la vida, tú, tus amigos, tus hijos, tus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos. A pasar la hoja. A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, hecho está. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

¡No, los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

 

Por eso a veces es tan importante romper fotos, quemar cartas, destruir recuerdos, cambiar de casa. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar.

 

 

 

Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir solo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de “quien eres”. No!, suelta.Con el resentimiento, al ver “tu pelicula” personal para darte y darle al asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, amargarte. La vida esta para adelante, nunca para atrás. Porque si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron.

¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo!

Si no, déjalo ir, cierra capítulos. Convéncete, que no vuelve.

 

Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque tú ya no encajas allí: en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, ya no eres el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a qué volver.Es salud mental, amor por tí mismo desprende lo que ya no esta en tu vida..

 

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, porque cuando llegaste a este mundo lo hiciste sin ese adhesivo, por lo tanto es costumbre vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, hoy te duele dejar ir. Solo es costumbre, apego, necesidad. Pero, cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacude, suelta.

 

Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.

 

¡Esa es la vida!

¿SOLITARIOS?….

El aislamiento es la consecuencia natural del rencor. Por ello, ahora es mayor el número de personas que caen en el escepticismo, en relaciones esporádicas nada vinculantes, que viven solas sintiéndose solitarias, o algo ermitañas. La actitud que prima en estas situaciones es precisamente la de no vernos afectados por el otro, o por lo que le pasa al otro. Compramos o vendemos la superficialidad emocional para no vernos confrontados con nuestros sentimientos. Si nos anticipamos a no esperar que un estado crítico nos obligue a mirar lo que nos pasa, y nos animamos a la práctica de aclararnos emocionalmente, podemos conseguir que nuestras emociones se conviertan en avisos e indicadores claves para empatizar con nosotros mismos y con el cambio personal.

Es fácil caer en cierta confusión que pueda llevarnos a pensar que se trata de casarnos con nosotros mismos, encerrados, aislados y recreados en nuestra visión de las cosas, insensibles a lo que está pasando con el otro. Hacer pareja contigo mismo trasciende una visión egocéntrica en donde tú te lo guisas y tú te lo comes a tu manera, según tu conveniencia. Ese paso de comunión, que permite poder ser tú mismo,va unido a la autorregulación emocional apoyada en valores íntegros propios, que sirven de soporte a tus experiencias con los demás; para que éstas te permitan sentir; para que los sentimientos te conmuevan y lo que sucede no pase por ti sin dejar huella.

Emocionarnos, sentir, es lo que hace que toda experiencia genere un impacto en nosotros, ahora bien, para que se dé una impronta significativa que nos movilice a una intención de nuevas posibilidades, llenando nuestra vida de creatividad, de imaginación, de colores y de aprendizajes, es necesario el soporte que te da una autoestima vinculada a valores personales. Entonces es posible la capacidad de confiar en nosotros mismos, en el otro y por supuesto en las relaciones.