El huevo o la gallina ( Tu decides )

La razón y la fe son ciertamente irreconciliables si lo vemos bajo su estricta interpretación. Simplificando: razón = raciocinio y fe = creencia, pero bajo mi punto de vista todo raciocinio debe empezar por una creencia y toda creencia por un raciocinio.

EL está en todas las cosas y sobre todas ellas y no interviene directamente en el mundo de los hombres. Nuestro Universo es material por naturaleza y se rige por leyes naturales impersonales que se encargan de mantener la estabilidad del sistema. Todas aquellas fuerzas negativas que amenazan con desestabilizar el sistema son repelidas automáticamente.-

Nada ni nadie puede romper el equilibrio universal. La única lucha es nuestra lucha interna con nuestra conciencia/alma hasta la reconciliación y armonización con el Todo. El camino es largo y solo los sinceros de espíritu y valientes llegan a conocer la verdad, su verdad; la compensación es grande.

No te conformes con solo creer, compruébalo, la fe es importante pero evidenciarlo debe ser nuestra máxima aspiración. No te conviertas en un fanático porque el fanatismo ciega. Acompaña la inteligencia natural con la intuición y la meditación profunda.

Cada quien tiene su camino. “Cuando el alumno está preparado llega el Maestro”.

La Verdad Oculta.

 

Muchos quieren conocer la verdad. Se acercan a los maestros y a las escuelas. Pretenden iniciarse en los misterios y son aquellos que consideramos verdaderos buscadores de la verdad. Sin embargo, no bastan las buenas intenciones para acceder a la verdad, o a algo que se acerque a la verdad, Reflejo del mundo unitario en este universo visible y dual.
Solemos enfrentarnos, en nuestra cotidianidad, con toda clase de contradicciones, todas, producto de nuestra identificación con el mundo visible y con su manifestación dual. Hemos sido programados para interpretar todo en términos de bueno o malo, positivo o negativo etc. Muchas veces he dicho que, si bien no podemos controlar sino una mínima parte de los hechos que ocurren ya que responden a un número infinito de variables e influencias que no controlamos, aunque, por supuesto, el pensamiento positivo o negativo tiene gran influencia en nuestra vida ya que “todo es mental” y el pensamiento es creador y, por eso, tenemos libertad para interpretar los procesos.
En este sentido, podemos determinar la manera como nos afectan los hechos cotidianos. Si queremos acceder a la felicidad, debemos comenzar por seleccionar el punto de vista para observar los procesos desde una actitud impersonal. Esto nos permite des-identificarnos emocionalmente y observar la vida de manera más objetiva. Esto requiere cierta preparación. Tenemos que desarrollar la capacidad para des-identificarnos de nuestras emociones, pensamientos, instintos e imaginación. Comprender que estos fenómenos internos corresponden sólo a nuestra programación inconsciente. Forman parte de eso que llamamos nuestra personalidad, muy apreciada en el mundo profano, pero absolutamente innecesaria e inconveniente, si deseamos liberarnos del dolor y de las contradicciones internas que nos produce la cotidianidad de nuestra vida encarnada.
Sobre todo cuando se trata de las relaciones familiares y de pareja, es difícil liberarse de los celos y de las perturbaciones que genera nuestra inseguridad y nuestras contradicciones internas. El miedo a la soledad y el temor de terminar con el ego herido, limitan nuestra capacidad para vivir en libertad, evolucionar y descubrir el verdadero amor que está más allá de la posesión y de los convencionalismos sociales, religiosos y culturales que imposibilitan acceder a la paz, en libertad. El común de las parejas, se pasan la vida haciendo nudos para mantenerse unidos. En realidad se inventan un amor al estilo bolero que nada tiene que ver con el amor verdadero.
Así mismo, nos hacemos una película de la verdad y, a veces, terminamos creyendo que, lo que queremos escuchar de los demás, es la verdad que el otro ve. En el caso de los que están en un camino iniciático, la curiosidad que, bien entendida, no sería un error, puede convertirse en un verdadero escollo para la evolución y en un peligro para la enseñanza. A veces, el aprendiz quiere saber más y su curiosidad lo lleva a indagar cuestiones que exceden a su preparación actual (léase, nivel de despertar). Es por eso que, todo camino de crecimiento interior es gradual. Además, el camino es individual. Cada persona está preparada para acceder a la verdad parcialmente. Por otra parte, la gente evoluciona y crece por áreas. La enseñanza general puede divulgarse a todos y, cada quién, tomará lo que le sirve o desechará lo que excede a sus posibilidades individuales que, siempre, están determinadas por su nivel de despertar. Me refiero al camino del estudiante común.
El caso del estudiante que pretende recibir una opinión personal del maestro, sobre algún asunto más íntimo, es muy diferente. El maestro, en base a su criterio, administrará la pócima de la verdad ya que todos no están listos para ver el sol de frente y con los ojos abiertos. Si partimos de la base de que, todo pensamiento, emoción y acción humana responde a una programación mecánica e inconsciente y la persona que pregunta, aunque ya está en el camino, todavía no se ha liberado de sus ataduras mecánicas emocionales e imaginativas, tal verdad que podría liberar y sanar, también podría ser un veneno para el alma que interrumpiría el camino de crecimiento del sujeto. Este, por ejemplo, podría abandonar el camino, la rabia podría invadir el corazón y lo apartaría para siempre del sendero de la evolución. En definitiva, lo que el maestro ve, no necesariamente debe verlo el estudiante. Es bueno para este aceptar el criterio del que está más despierto. En este camino no se puede improvisar.
Lo que interpreta el estudiante siempre será diferente a lo que interpreta el profesor, pues este mira, por decirlo así, desde una altura diferente y desde una perspectiva externa, des-identificada y objetiva. Como he dicho antes, cuando modificamos nuestro nivel habitual de conciencia, se modifican todos los niveles de significación. Es decir, el más despierto ve más. Todo tiene una significación profunda y diferente. Si el estudiante está bien despierto, comprenderá lo que ve el maestro, pero si está actuando desde sus mecanismos emocionales, instintivos o imaginativos, le será imposible entender lo que se le trata de mostrar. Intentará racionalizar la información y eso no servirá de nada ya que el despertar es un fenómeno supra-racional. Más allá del pensamiento habitual, fuera del ámbito de la cultura.
Por ejemplo, el maestro podría ver algo muy positivo para el camino del, o de la discípula, pero los mecanismos inconscientes del sujeto se sentirán amenazados y presos de temor. En lugar de percibir las sugerencias, experiencias y enseñanzas como un camino hacia la sanación y liberación, lo interpretará como algo amenazante e inconveniente. Cuando esto ocurre, el camino de crecimiento se detiene y el estudiante deja de ver al maestro.
Esto es particularmente difícil si un profesor tiene una pareja, ya que esta, está tan cerca del maestro, que se identifica emocionalmente y no tiene la capacidad para distanciarse de la enseñanza, la cual ella identificará con la persona que está manifestada en el cuerpo físico de su pareja. Por otra parte, si se trata de un ser muy despierto, o que está particularmente despierto en ciertas circunstancias, la energía que se expande en un espacio dado, podrá percibirse por la otra persona como algo incómodo y amenazante.
Cuando, por curiosidad, insiste en recibir información, puede ocurrirle lo que al “aprendiz de brujo” que podía acceder a todos lo libros del maestro y tomar libremente lo que quisiera en la casa del Mago, salvo abrir un escaparate. La curiosidad lo llevó a abrir el lugar prohibido y, en lugar de una agradable sorpresa, se llevó un pésima sorpresa, ya que desató toda clase de calamidades.
A veces, es mejor esperar y postergar para que el momento sea propicio y acceder a una verdad de orden superior ya que, de lo contrario, toda información será interpretada desde el animal y no desde el ser. Por lo tanto, la persona perderá toda esperanza de despertar ya que su corazón se llenará de rabia y su imaginación descontrolada desatará toda clase emociones inconvenientes para acceder a la liberación que está llamada a producir el acceso a la verdad que, siempre, está más allá de la información que sólo forma parte del mundo visible. La verdad está sólo en el mundo de la unidad y, para acceder a ese mundo, hay que abandonar todos los preconceptos y contradicciones del mundo visible.
Lo que propongo para los buscadores es realizar, de manera sostenida y sin pausa, un esfuerzo para elevar el nivel de conciencia. Para esto, hay que realizar las disciplinas que hemos entregado en las reflexiones anteriores. Despertar, no necesariamente, es un proceso agradable. El camino está lleno de desilusión ya que la ilusión, como su nombre lo indica es, lo que no es. Desilusionarse es doloroso como proceso, pero sublime en la realización.

Que el Dios los guarde

 Por Nicomedes Zuloaga P. (Arkaúm)

Humildemente humildes.

 

La humildad no es una virtud reconocida como tal en todos los sistemas filosóficos. Más aún, en no pocas filosofías se le ha cuestionado hasta el punto de considerarla un vicio en la medida en que representaría una debilidad para afirmar el propio ser. Como en todo, la verdad es muy simple, una única virtud puede llevarnos al vicio, y por ello, todas y cada una de ellas tienen que ir acompañadas de su hermanas mayores y en muchos casos de las menores. Desde la perspectiva de la evolución espiritual (y en cada ocasión concreta acompañada de las otras herramientas universales que correspondan) la humildad es una virtud de realismo, pues consiste en ser conscientes de nuestras limitaciones e insuficiencias y en actuar de acuerdo con tal conciencia. Más exactamente, la humildad es la sabiduría de lo que somos. Es decir, es la sabiduría de aceptar nuestro nivel real evolutivo. Ninguno de los grandes filósofos griegos (Sócrates, Platón ni Aristóteles) elogiaron la humildad como una virtud digna de practicarse, ya que nunca llegaron a desarrollar un concepto de Dios lo suficientemente rico para poner de manifiesto la pequeñez del ser humano. En Occidente, es sólo a partir del advenimiento del cristianismo que esta virtud llegar a ser considerada el fundamento imprescindible de toda moral cristiana. Es por ello que para Nietzsche, que no comulgaba precisamente con dicha doctrina, la humildad no puede significar más que una bajeza, una debilidad de instintos propia de quien actúa inspirado por una moral de esclavos. Para su idea moral del superhombre, en cambio, a la sombra de la humildad hay que oponer la claridad de la altivez, tan alabada por los griegos y desde luego, por Nietzsche. La verdad de este dilema, sin duda, se encuentra en nuestro interior. Sin embargo, la filosofía de Oriente, que ha alcanzado un desarrollo espiritual mucho más significativo que la de Occidente, nunca dudó en asignarle un papel relevante dentro de las virtudes del sabio. Así, los verdaderos maestros de la sabiduría mística del Oriente ascendieron a sus más altos niveles de conciencia trascendiendo su ego, transformándose en seres universales al fundirse con el río del mundo. Pero para todos ellos los primeros peldaños del sendero estuvieron hechos de humildad.

Más aún, la humildad es requisito indispensable del verdadero aprendiz, del verdadero discípulo, pues mucha de la disciplina de éste deberá estar basada en la conciencia de lo limitado de su conocimiento para precisamente, en razón de esta carencia, buscar activamente llenarse de él, ya sea a través de los maestros, del impulso a la meditación, del diálogo con sus semejantes o de la investigación personal. La mente humilde es receptiva por naturaleza y por lo mismo es la que mejor está dispuesta a escuchar y a aprender. En el caso opuesto está la mente arrogante que por saber mucho de algún tema se cree capaz de discernir asuntos sobre los cuales no conoce ni los principios más básicos, creyendo estar preparada para emitir juicios válidos sobre cosas de las que no tiene ni la más remota idea. En esta carencia de reconocimiento de los límites de su conocimiento, el arrogante construye su ilusión de ser más importante que los demás. Habitualmente el arrogante incurre en la crítica destructiva que sólo puede conducir al territorio de las hostilidades, pero que no ayuda a nadie.

El verdadero humilde considera siempre que las experiencias de la vida son posibilidades abiertas para aprender cada vez más. En su comprensión considera que el camino de la sabiduría es casi infinito, por lo cual, no corresponde en ninguna etapa de nuestro desenvolvimiento presumir de sabios o eruditos. La humildad como conciencia de nuestra falibilidad esencial nos hace más fácil la tarea de reconocer nuestros errores, fundamento de nuestros ulteriores perfeccionamientos. Mientras el soberbio pierde su tiempo criticando o intentando impresionar a los demás, el humilde sigue rectilíneo su camino de progresión espiritual, sin temer recurrir a la ayuda o a la orientación de quienes están más avanzados en el sendero.

Ser humilde es permitir que cada experiencia te enseñe algo y desde ahí, desaparecen miedos y sufrimientos.