No son los años. Es lo vivido.

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Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…

Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada. Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años… Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

– “No, por ningún familiar”, dijo el buscador. “¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?”

El anciano sonrió y dijo:

– “Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…: cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado… A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo…

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…?Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso…¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…?¿Y la boda de los amigos?¿Y el viaje más deseado?¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?¿ Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?¿Horas? ¿Días?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido”.

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Sacerdotisas. Chamanas. Curanderas.

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El incremento del dominio masculino en la sociedad y la religión hizo declinar la posición de la chamana y la sacerdotisa hasta tal punto que los hombres terminaron por adoptar sus roles. El papel de la sacerdotisa fue tan fuertemente reprimido que la actividad de la mujer en la religión estructurada terminó por desaparecer por completo; lo que si consiguió perdurar de un modo “clandestino” fue la posición de adivina o bruja, que se convirtió en el último vínculo con las primitivas religiones matriarcales. La hechicera de la aldea era una experta en la magia de la naturaleza, la curación y las relaciones entre las personas, y tenía la capacidad de interactuar con las estaciones, su propio ciclo menstrual y su intuición; ayudaba y guiaba a sus semejantes en lo concerniente a la vida y la muerte, actuaba como iniciadora y transformadora valiéndose de rituales de transición y dirigía ceremonias extáticas.

Una mujer que toma conciencia de su ciclo y las energías inherentes a el, también aprende a percibir un nivel de vida que va más allá de lo visible; mantiene un vinculo intuitivo con las energías de la vida, el nacimiento y la muerte, y siente la divinidad dentro de la tierra y de sí misma. A partir de este reconocimiento la mujer se relaciona no sólo con lo visible y terrenal sino con los aspectos invisibles y espirituales de su existencia.

Fue a través de este estado alterado de conciencia que tenía lugar todos los meses que las chamanas/curanderas y más adelante las sacerdotisas, aportaron al mundo y a su propia comunidad su energía, claridad y conexión con lo divino. La curación, la magia, la profecía, la enseñanza, la inspiración y la supervivencia provinieron de su capacidad de sentir ambos mundos, de viajar entre los dos y de llevar sus experiencias al otro.

Estas mujeres simbolizaban el equilibrio de la conciencia y las energías femeninas dentro de una sociedad y una religión dominadas por hombres, pero como desafortunadamente estos poderes representaban una clara amenaza para la estructura masculina, durante la época medieval se las persiguió sin tregua hasta virtualmente destruir la tradición de la bruja o hechicera en la sociedad. Al atacarles, los perseguidores no hacían otra cosa que admitir su poder, pero no fueron esas agresiones las que finalmente destruyeron la brujería: fue el hecho de que con el paso del tiempo la sociedad terminó por negar la existencia de estos poderes femeninos. La bruja se transformó entonces en objeto de mofa: comenzó a aparecer en los cuentos infantiles e inclusive, durante la víspera de la celebración de Todos los Santos (Halloween), como una figura cómica. Lamentablemente los primeros castigos que se les impusieron cada vez que eran capturadas, así como el miedo y la vergüenza que posteriormente provocó su imagen, hicieron que la mujeres dejasen de expresar aquellas habilidades y necesidades que habrían supuesto el resurgimiento de la tradición. Los efectos directos de las persecuciones de las brujas todavía se perciben hoy en día: hacen falta enseñanzas espirituales, arquetipos y tradiciones que reconozcan la naturaleza femenina y sus energías, y demás está decir que ya nadie nos guía en su utilización.

     Fuente:  Miranda Gray: Luna Roja, los dones del ciclo menstrual, Editorial Gaia

La sexualidad , ¿ Camino a la Perfeccion?

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El sentimiento de vergüenza es uno de los mayores obstáculos que la mayoría de nosotros enfrentamos. En una cultura que nos ha infectado con las nociones de virtud y la vergüenza; donde las mujeres fueron una vez considerados como incapaces de experimentar un orgasmo, se pone de manifiesto lo difícil que es aceptar y reconocer esta fuerza de vida que existe dentro de nosotros abiertamente

La vergüenza es una emoción que se nos enseñan nuestras familias y comunidades. Desde una edad muy temprana se nos enseña lo que “debe y no debe sentirse mal”, y como resultado de esto, desarrollamos la capacidad de experimentar culpa. A través de la culpa comencemos a rechazar los aspectos sagrados de nosotros mismos y reprimirlos profundamente en nuestras propias sombras; nuestros deseos sexuales, manías, atracciones y fantasías.

Antes de ideologías dogmáticas, la sexualidad se respetó durante miles de años como una expresión sagrada de la fuerza vital de la naturaleza y el misterio de la creación. Es importante dejar en claro eneste artículo que la relación íntima también puede funcionar como un catalizador para el cultivo de bienestar espiritual.

 

Sexo Espiritual: 3 Tipos de Unión Divina.

Un aspecto cumbre sobre la energía sexual es que es uno de los pocos instintos dentro de nosotros que rara vez pueden ser completamente “civilizado”. Si usted está cansado por el empleo y el trabajo en casa y un amigo le ofrece ir al cine quizás deja pasar la oferta. Pero si tuviera que cumplir con una persona atractiva que le agrade realmente y que la situación les permitas disfrutar del amor, sería despertar una energía muy dentro de usted que no era consciente que existía.

Cualquier tipo de experiencia de éxtasis, como el sexo espiritual, es un punto de partida ideal para iniciar el cultivo de momentos espirituales de “no-mente” y llevarlos de forma natural en nuestra vida diaria. De hecho, existen tres tipos principales de relaciones sexuales que se pueden beneficiar de:

1- La Unión en Estado de Alerta

La mayoría de las experiencias sexuales por primera vez con los socios caen en este tipo de unión. Cuando nos hacemos vulnerables, íntimo, impresionados y trabajamos hacia ese momento de placer mutuo de dicha, nuestra conciencia aumenta por la novedad de explorar el cuerpo de la otra persona.

Esta unión no es tanto una atención consciente, sino una alerta de conciencia que la toma instintivamente. Nuestros sentimientos de vulnerabilidad y emoción hacen que nuestro mecanismo natural de adrenalina estimule el estado de alerta haciendo la experiencia mucho más primitiva que espirituales. Este tipo de relaciones sexuales es muy adictiva al igual que la novedad de la búsqueda de nuevas parejas sexuales que nos recompensa con ese estado momentáneo “como un dios” de la conciencia.

2- La Unión Consciente

En la unión consciente, aprendemos a cultivar una más equilibrada forma de sexo espiritual, uno que crea armonía entre el animal apasionado y los juegos sensuales de nuestra sexualidad. En la unión consciente escuchamos a nuestros deseos sexuales, exploramos nuestro cuerpo y el de nuestro amante, construimos una intimidad más profunda a través de ojos, nos acariciamos sensualmente, y seguimos nuestras formas más profundas de la expresión sexual.

Estos a menudo generan intensos sentimientos de unión y el amor que brevemente nos lleve más allá de nuestro sentido de sí mismo. Es a través de esta práctica de la unión consciente que podemos llegar a la siguiente fase de la unión sentimental

3- La Unión Conmovedora

Hay una hermosa expresión en las escrituras sánscrito tántricos conocidos como “Maithuna”, que se traduce literalmente como “la unión sexual.” Maithuna es una de las enseñanzas más importantes del Tantra, ya que hace uso de la “intensidad sexual” consciente como una escalera que asciende a las alturas mayores de intensidad, centrándose en la iluminación del alma, y no sólo en el placer sexual física.

El impulso sexual se deriva de la fuerza del cuerpo y nuestras emociones, y por sí mismo no es lo suficientemente potente como para elevar a nuevos niveles de conciencia. Es el sexo tántrico el que nos ayuda a experimentar una verdadera unión conmovedora para ayudarnos a encarnar nuestra Alma. Este tipo de relaciones sexuales sólo puede ser descrito como una sensación de infinita felicidad pura, el calor y la identidad de fusión especialmente durante el orgasmo.

Si desea experimentar la unión conmovedora a través del sexo espiritual, he aquí algunas recomendaciones:

 

  • Permanecer célibe durante todo el tiempo que pueda. Esto aumentará su energía sexual para que pueda aprender a canalizarla. Usted puede sentir una sensación de hormigueo en la parte baja de la espalda, esta es su energía kundalini que ayuda a la experiencia de la unidad.

 

  • Aparte tiempo para dedicarse únicamente a su pareja. Crear un espacio sensual con velas, música étnica suave, vestidos de seda, fragancias afrodisíacas, y así sucesivamente.

 

  • Sentarse delante de la otra persona y mover las manos ligeramente sobre el cuerpo de su pareja (para despertar sus nervios). Permita sentir un hormigueo a través de su cuerpo, pero no permita que sus manos pasen por encima de sus zonas erógenas (pezones, pene, etc.), solo cerca de ellos. Prolongar este estado de excitación durante el tiempo que se desee.

 

  • Sentarse en el regazo de la otra persona (llamada la posición “yab-yum”) y respire el aliento del otro. Esto permite que ambos puedan armonizarse conscientemente entre sí.

 

  • Mantener el contacto visual durante todo el acto. Presenciando el acto de hacer el amor le permite estar presente y ve algo de inmensa belleza, aparte de disfrutar de un increíble sexo espiritual.

 

Fuente: https://hermandadblanca.org.

La Magia y el sexo en el antiguo Egipto.

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La magia por definicion es el conjunto de conocimientos y prácticas con los que se pretende conseguir cosas extraordinarias con ayuda de seres o fuerzas sobrenaturales.

Ahora bien, la Magia también se utiliza para someter la voluntad de los hombres y las mujeres, convencerles de que hagan cosas que aborrecerían habitualmente y, finalmente, lograr que se enamoren de una persona o mantengan relaciones sexuales con ella.

Estos son los tres objetivos básicos que buscaban los dos papiros del Antiguo Egipto que, después de llevar más de un siglo en las estanterías de varios museos, han sido traducidos por Franco Maltomini, de la Universidad Udine en Italia. Así lo afirma la versión digital de la página especializada «Live Science».

En palabras de Maltomini, la principal característica de los hechizos es que cuentan a sus espaldas con más de 1.700 años de antigüedad y, curiosamente, fueron escritos para que cualquier persona pudiese usarlos.

A su vez, ambos están escritos en griego e incluyen una serie de «palabras mágicas» tipo para someter la voluntad de una persona. Ambos fueron elaborados a mano sobre dos papiros que datan del siglo III D.C. y, en palabras de esta página especializada, fueron hallados hace más de 100 años en Oxirrinco, Egipro por los arqueólogos Bernard Grenfell y Arthur Hunt.

El primero de los papiros tiene el objetivo, literalmente, de «hacer arder el corazón» de una mujer hasta que ame a quien pronuncie el hechizo. Está escrito en griego (algo habitual en aquella época) e invoca a varios dioses gnósticos (parte de una antigua religión que incorporaba elementos del cristianismo).
En palabras del experto, el interesado debía lanzarlo en una «casa de baños» escribiendo en sus paredes el siguiente texto: «Yo os conjuro, agua y tierra, por el demonio que habita en vosotras. Conjuro la fortuna de este baño de manera que, a medida que ardeis y quemais, quemeis a (la mujer a la que quieras hechizar) nacida de (el nombre de la madre) para que venga a mi». A continuación, se debían nombrar varios dioses y palabras mágicas.

El segundo texto, escrito también en griego, fue ideado para aquellas mujeres que deseasen «someter» a un hombre para que hiciese todo aquello que ella deseara. Para que este funcionase era necesario grabar en un pequeña placa de cobre una serie de palabras mágicas y, posteriormente, coser esta a una prenda que portase el sujeto (como una sandalia). El hechizo era el siguiente: «Somete a (nombre del hombre) nacido de (nombre de su madre)».

Además de estos dos hechizos, en la parte posterior de los papiros hay una lista de recetas que se basan en el uso de excrementos de animales para tratar una amplia lista de dolencias, entre las que se incluyen dolores de cabeza y lepra. Algunas de ellas incluyen la anotación «ayudan a promover placer». Una, por ejemplo, afirma que combinando miel y excrementos de aves en salmuera se «logrará conseguir placer».

Todo un desafío para valientes. O no

 

Las mujeres le robaban el pene a los hombres para castigarlos.

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Desde épocas ancestrales el peor terror de los hombres ha sido el de perder su órgano sexual. El falo, además de ser el medio a través de que el género masculino marca su huella en el mundo con su descendencia, es símbolo de hombría y virilidad. Lejos de entrar en el debate en el que se disputa si un pene define el valor de un hombre o no, éste es una parte importante que completa la salud de su cuerpo; al igual que lo haría una pierna o una oreja.

La tortura de perder su órgano es tan ruin como la cacería de “brujas” que se llevaba a cabo en la Edad Media. Con crueldad y alevosía se capturaban a todas las mujeres que un grupo de hombres consideraba brujas, para lastimarlas hasta la muerte de las formas más horripilantes posibles. Estas supuestas brujas se ganaban ese título debido a una personalidad que hoy denominaríamos como sensual o erótica. Pues todo lo relacionado con el sexo, abortos y esterilidad, era ligado a un sinfín de pecados satanizados. Los cuales eran castigados con tortura, encierro y muerte.

La cacería de brujas se dio a conocer a través de distintos escritos de esa y épocas posteriores. El manual de Heinrich Kramer escrito en el siglo XV, “Malles Maleficarum”,  describió una de las prácticas más aterradoras que estas supuestas brujas llevaban a cabo durante el medievo. Y aunque el manual para cazar a estos monstruos está calificado como uno de los libros más grotescos y misóginos de la historia, debido a los asesinatos que éste provocó, también fue el testimonio de decenas de hombres que aseguraban haber sido víctimas de las fauces de estas maléficas mujeres.

Ellos contaron que el insaciable deseo sexual de las brujas de la Edad Media enfermó sus penes hasta mutilarlos. Otros declararon haber sido hechizados, pues se cuenta que estas aberrantes criaturas desaparecían los penes de sus víctimas para después guardarlos en nidos donde los alimentaban con avena mientras los miembros seguían moviéndose como culebras hambrientas.

La realidad, según otros escritores, es que la magia con la que estos monstruos femeninos actuaban tenía un solo objetivo: confundir a los hombres hasta hacerlos pensar que sus penes habían desaparecido. Lo lograban a partir de un juego de luces con los que las sobras ocultaban los órganos sexuales del cuerpo masculino.

Otro de los relatos de Kramer fue el que protagonizó un hombre que buscaba ansiosamente la ayuda de las brujas para encontrar su miembro perdido. Ellas lo engañaron diciéndole que podía elegir el pene que quisiera del nido de falos que alimentaban con avena y otros cereales. El incrédulo tomó el más grande y como castigo las brujas lo asesinaron.

Alrededor de la leyenda sobre las mujeres que tenían la siniestra capacidad de desaparecer el pene, también surgió otro mito acerca del árbol de falos. El historiador Johan Mattelaer afirmó que entre finales del siglo XIII y principios del XVI, el árbol de los penes era un fenómeno común en Europa. Sin embargo, los únicos vestigios sobre ellos quedaron en obras que retratan este mito.

Un manuscrito francés del siglo XIV contiene dos imágenes de monjas recolectando penes de los árboles y guardándolos bajo sus ropas; también existe un grabado en madera de principios del siglo XV que actualmente se conserva en un museo de Alemania, el cual representa a una mujer recogiendo penes mientras su amante examina un árbol de vulvas. Y existe un blasón decorativo encontrado en Holanda que muestra a una pareja haciendo el amor bajo un árbol de falos.

La conclusión de Kramer, expresada en el “Malleus Maleficarum”, es: “Toda brujería procede de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable”. Ésta última es material suficiente para preguntarnos: si eso fuera verdad ¿quién necesitaría a los hombres? ¿Se trata de un manifiesto para la salvación de la población del medievo o de un escrito criminal y falso? ¿Las brujas eran mujeres con poderes malignos o ese fue el nombre que Kramer decidió ponerle fin a su misoginia esparcida?

Otra idea de Dios

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La segunda gran idea de la humanidad es la idea de dios. Es una de las más importantes a la vista no sólo de la cantidad de gente que a lo largo de la historia ha vivido solamente para contentar a su dios, sino que ha matado por él (o por ellos). Quizá dios no sea la mejor idea que ha tenido el hombre, pero seguro que es una de las más importantes.

Poniéndome en la mente de los hombres primitivos, supongo que dios debió empezar como una superstición: “hoy he salido de la cueva, he girado a la izquierda y ha cazado un ciervo. Ayer giré a la derecha y no cacé nada. Mañana, ¡a la izquierda!”

Volviendo al tema, a partir de la superstición es fácil que aparezcan los dioses. Al fin y al cabo, la superstición es la creencia de que hay una fuerza que no acabas de entender que dicta que las cosas salgan de una manera u otra. A partir de aquí, surge casi inmediatamente la idea de dios. Los dioses explican por qué pasan las cosas y por qué las cosas son como son: explican el principio y el fin, la creación y la destrucción, el rayo y el trueno, el mar y la tierra, el fuego y el aire, las lunas y los planetas. Algunas civilizaciones encarnan a los dioses en animales (vacas, serpientes, toros). Otras en los cuerpos celestiales (el Sol, la Luna, Marte, Júpiter). Algunos en fenómenos extraños que en aquel momento no se entendían (la fertilidad, la cosecha , el tiempo, la muerte). Algunas los mitifican en seres nunca vistos (Zeus, Júpiter o el dios judeocristiano).

De repente, algunas religiones monoteístas que salen de Zarathrusta empiezan a utilizar a los dioses como reguladores de lo ético (según Nietzsche, “Zarathrusta fue el origen del error más profundo de la historia humana: la invención de la moralidad), especialmente el judaísmo y sus dos descendientes importantes, el cristianismo y el islam. En ese momento, dios no sólo explica lo inexplicable sino gobierna sobre la moral, dicta sobre el bien y el mal que deben guiar nuestro comportamiento: no matarás, no robarás, no mentirás, no comerás cerdo… Dios impone una serie de reglas que permiten a las sociedades que las adoptan funcionar mejor que las que no las adoptan (es bueno que en una sociedad no haya robos, asesinatos, violaciones o, si hay triquinosis, no coma cerdo). La idea de dios funciona a través del alma. Es decir, a través de la creencia de que algún componente no físico del hombre (el alma) puede sobrevivir la muerte y de que se puede mejorar el destino de esa alma a través del comportamiento terrenal y de los ritos de la religión, dios o los dioses pueden regular el civismo del hombre sin necesidad de imponer penas reales sino a través de la fe. En este sentido, el invento es sumamente inteligente, en un mundo donde no hay recursos para implementar la ley, la concesión de premios póstumos al buen comportamiento (el cielo, la reencarnación en seres superiores) o impone castigos (el infierno o la reencarnación en seres inferiores), funciona sin tener que demostrar empíricamente ni que existe el cielo, el infierno, el nirvana o la reencarnación. La fe en la veracidad de esas promesas hizo que las personas se comportaran sin necesidad de un estado que imponga las leyes a través de la fuerza y el castigo terrenal.

La idea de dios como explicación de lo inexplicable ha sufrido una muerte lenta y paulatina que empezó con Thales de Mileto y los filósofos de la antigua Grecia. Aristóteles proclamó que todos los fenómenos naturales tenían una explicación y respondían a algún tipo de ley natural y no a la arbitrariedad de los dioses y sus titanes y que esa ley se podía descubrir a través de la observación, a través de la inducción. El cristianismo y la obsesión teológica sepultó esas ideas durante un milenio hasta que Santo Tomás redescubrió a Aristóteles a través del Islam y lo intentó casar con la teología cristiana. A partir de entonces, el cristianismo que hasta entonces había sido impermeable para con la ciencia empezó a permitir el pensamiento independiente. La revolución científica ha ido comiéndose el terreno de los dioses hasta dejarlo en casi nada. De hecho, hoy día las leyes de la naturaleza saben cómo explicar desde el big bang hasta el ADN y desde la primera célula viva hasta el ser humano. Pero todavía hay tres cosas que no podemos explicar y para las que necesitamos a dios: La primera, ¿quien puso el punto inicial que explotó en el big bang? Es decir, ¿Cuál es el origen del universo? La segunda, ¿cómo pasar de ADN a vida? Es decir, ¿cuál es el origen de la vida… y por ende, qué pasa después de la muerte? Tercera, las leyes de la naturaleza lo explican todo, pero… ¿quién ha hecho esas leyes y por qué esas leyes son así? En este sentido, dos de los grandes científicos de todos los tiempos, Newton y Einstein eran profundamente religiosos y decían que lo que estaban haciendo no era substituir a Dios, sino descubrir las leyes que les permitían saber cómo pensaba dios.

La idea de dios como organizador de sociedades a través de la manipulación de la moralidad de sus individuos también ha perdido terreno, aunque en menor medida, ante el estado. Los estados han organizado maneras de perseguir comportamientos “indeseables” no a través de difusas amenazas infiernos o reencarnaciones, sino a través de castigos terrenales inmediatos: la cárcel o la pena de muerte. La gente que no cree en dios no roba, no porque se lo diga dios sino porque teme ser capturado por la policía y castigado por la autoridad legal.

Es interesante resaltar que la gente que cree en dios tiende a ser más feliz. No sé si es porque dios todavía explica lo que pasa después de la muerte y la gente que cree en la felicidad eterna afronta la muerte con menor temor. No lo sé. Lo que sí sé es que ese aspecto positivo debe estar en la balanza que nos dice si dios ha sido un buen invento o un mal invento. En el otro plato de la balanza está, lógicamente, el odio, las persecuciones, sacrificios y los crímenes que se han cometido en nombre de algún dios.

 

Fuente: http://www.salaimartin.com/

Dondequiera que estaba ella, ahí estaba el Edén.

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Adán y Eva, según las creencias judía, cristiana y musulmana fueron los primeros seres humanos (hombre y mujer) que poblaron la Tierra. Fueron hechos por Dios (Yahweh en el judaísmo y Alá en el islamismo) en el sexto día de la creación. Según la Biblia y el Corán, Adán fue creado primero, y Dios, al verlo solo, decidió que necesitaba una compañera que fue creada partiendo de una costilla1​ del hombre. Los primeros hijos de la pareja fueron Caín, Abel, y posteriormente Set.

Según el Mito bíblico Adán y Eva fueron los primeros humanos que habitaron el planeta. Si bien su historia y caída representan cuestiones que van más allá de meros conflictos de pareja, la historia de amor de Adán y Eva resulta tan interesante como poco explorada.

Tanto el Antiguo Testamento como el Corán sostienen que Adán y Eva aparecieron en el sexto día de la creación, aunque en este sentido hay algunas discrepancias cronológicas. La única coincidencia a lo largo de todos los mitos de Adán y Eva es la sospecha de que él fue el primero en nacer. Según el Libro del Génesis su cuerpo fue creado de polvo y arcilla a través de un procedimiento de “alfarería”, y su alma fue inseminada a partir de un soplo divino.

Ahora bien, la Biblia no logra ponerse de acuerdo sobre el momento de la creación de Adán y Eva. En el primer capítulo del Génesis se nos informa que fueron creados en el sexto día, tras la aparición de las plantas y los animales (Génesis 1:11-27). Pero en el segundo se afirma contradictoriamente que Adán fue creado en primer lugar, y que tras su él aparecieron las plantas, los animales, y finalmente Eva (Génesis 2:5-25).

Poco sabemos acerca de esta historia de amor. Ya sea por deslumbramiento o por falta de opciones, la pareja se unió y juntos engendraron a Caín, Abel, Set y posteriormente a otros hijos e hijas a los que la Biblia no les adjudica ninguna importancia.

Tras el episodio de la tentación, es decir, del engaño de la serpiente y la trasgresión de comer del árbol del conocimiento, Adán y Eva fueron expulsados del Edén, es decir, fueron castigados con la pérdida del favor divino.

Este acto de desobediencia y el posterior castigo de Dios fueron -filosóficametne hablando- el nacimiento de la humanidad. ¿En qué consistió aquel castigo? Precisamente en la materialización de las cosas que nos vuelven humanos: muerte, dolor, vergüenza y trabajo.

Ahora bien, la historia de amor de Adán y Eva continuó, con algunos sobresaltos, fuera del Paraíso. La Biblia se ocupa poco y nada sobre estos hechos. Solo nos informa que tuvieron varios hijos e hijas además de Caín y Abel, y que Adán murió a la asombrosa edad de 930 años.

El único episodio posterior al exilio del Edén que es relatado en detalle es el asesinato de Abel a manos de Caín y el consecuente castigo del fratricida.

Las “escenas de la vida conyugal” de Adán y Eva exceden a los libros canónicos. Para encarnar personajes de tamaña envergadura es muy poco lo que sabemos sobre ellos. ¿De qué murió Eva? ¿Cómo fue su vida posterior al exilio? ¿Estaban realmente enamorados…?

Como era de esperar, estos interrogantes no son evacuados por los libros sagrados, al menos por los libros aceptablemente sagrados. Cuando la Biblia dice su última palabra acerca de Adán y Eva nos vemos obligados a considerar a otras fuentes, a menudo más antiguas que las “oficiales”.

Y si hablamos de fuentes, la que mejor y más profundamente habla sobre la historia de amor de Adán y Eva es un texto muy antiguo llamado el Apocalipsis de Adán, descubierto en 1946 y parte estructural del corpus de Nag Hammadi. Esta obra fue escrita por los gnósticos en la antigua lengua copta.

Allí se nos cuenta que al cumplir 700 años Adán sintió la necesidad de aclarar algunas cuestiones de su pasado a su hijo Seth. En su primera declaración sostiene la inocencia de Eva y su importancia en la construcción de la humanidad. Adán sugiere que gracias a Eva conocieron al verdadero Dios, es decir, a un Creador que nada tiene que ver con el vengativo y restrictivo Dios que conocieron en el Paraíso; en definitiva, un impostor.

Frente al desconcierto de Seth, Adán se pregunta qué clase de Dios pondría un árbol prohibido a disposición de quienes no debían comer de él. La respuesta a este interrogante se sucede con total naturalidad: un dios que busca la trasgresión.

Adán denuncia que el Dios del Génesis es un Dios falso, un impostor vil y volátil capaz de condenar desproporcionadamente a sus hijos por seguir los mismos instintos que Él les insufló con gran prolijidad. No niega que este Señor sea en definitiva el creador del mundo, pero rechaza la idea de que sea el hacedor del universo. En este sentido Adán defiende las teorías gnósticas que proponen que muy por encima de aquel Dios rabioso del Génesis existe un Dios Absoluto, cuya faz se verá representada en Cristo.

Para probar su sospecha Adán recurre a la filosofía. ¿Por qué un Dios Perfecto crearía cosas Imperfectas? La respuesta más simple nos obliga a considerar que aquel dios tal vez no sea perfecto, y que sus creaciones imperfectas se corresponden con las suyas propias.

Acto seguido Adán rompe en llanto, triste y melancólico, mientras cuenta la misteriosa muerte de Eva. Calla sobre la causa del deceso pero desliza que en su muerte están involucrados algunos sicarios angelicales.

Recién allí, cuando estuvo solo, el viejo Adán resolvió romper su pacto de silencio y profetizar aquellos pensamientos siniestros que lo atormentaban desde los primeros días del exilio.

Antes de finalizar conviene repasar una respuesta demoledora de Adán. En cierto momento Seth le pregunta por qué no cuestionó la decisión de Dios de expulsarlos del Paraíso y por qué se sometió mansamente a las sugerencias gastonómicas de Eva. Adán responde que ninguna de esas cosas era realmente importante. Lo único importante era Eva. Y que siempre que la siguiera estaría en el Edén.