El Angel Custodio Numero 49.

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Nombre: Vehuel, “Dios Grande y Elevado”.

Coro: Principados, Ángeles al servicio de Netzah-Belleza.

Nombre del Angel en letras: Vav-Hé-Vav-Aleph-Lamed

Nombre del Angel en cifras: 6-5-6-1-12

Nombre del Angel en Arcanos Mayores: Enamorados-Sumo Sacerdote-Enamorados-Mago-Colgado.

Maestro del Sub-Sendero que une Netzah a Hochmah en su trayecto de Retorno.

Días de regencia: 9de Mayo; 24 de julio; 6 de octubre; 17 de Diciembre; 25 de febrero. Del 23 al 27 de noviembre.

Regencia zodiacal: 18º al 19º de Tauro; 0º al 1º de Leo; 12º al 13º de Libra; 24º al 25º de Sagitario; 6º al 7º de Piscis; 0º al 5º de Sagitario.

Lo que otorga:

Canal para exaltarse hacia Dios.

Elevación gracias a nuestras virtudes y talento.

Conseguir la estima de todos por nuestra bondad y generosidad.

Éxito en la literatura, jurisprudencia y diplomacia.

Protección contra el egoísmo, el odio y la hipocresía.

Programa-Leccion: Vencer el odio y las tendencias egoístas.

 

 VEHUEL ” La ciudad profanada “

 

La Ciudad Sagrada de Netzah, estaba siendo profanada por la lujuria y banalidades de un pueblo que había olvidado su estirpe divina y que se había entregado al servicio de amos y señores que prometían poder, riquezas, prestigio, fama y placer.

Netzah había sido construida por nobles sabios que inspirándose en las mas bellas formas de la naturaleza, quisieron que aquella morada fuese una morada donde se viviese anticipadamente el goce que el Gran Maestro otorgaba a su pueblo, el goce de la paz y de la armonía.

Sin embargo, el afán de poder, generó una terrible competencia, una espantosa rivalidad que desencadenaba guerras y destrucción.

El deseo de riquezas propició la gula, la ambición, la avaricia. El hombre ya no competía, tan solo vivía para satisfacer sus intereses. Antes de dar, recibía.

El afán de placer, anuló la verdadera búsqueda de la plenitud. Gozar sin trabajar era lo deseado. Recibir frutos sin sembrar. Aquellos afanes fueron ahogando y enterrando poco a poco el tenue grito de esperanza de volver a vivir en armonía con las leyes de la naturaleza. Sin duda, Netzah había dejado de ser la dulce tierra de los goces para convertirse en la mísera tierra de los placeres.

Mientras que todo esto sucedía en la Ciudad Sagrada, no muy lejos de allí, pero sí lo suficiente como para quedar protegido por el hedor nauseabundo procedente de la basura que enterraba a Netzah, crecía fuerte y saludablemente un joven príncipe de sangre real, era Vehuel, hijo legitimo de la princesa Venus y del príncipe Urano.

La princesa de Netzah se vio obligada a abandonar a su hijo cuando su esposo Urano fue derrocado del poder. Lo entregó a una familia humilde que le era fiel, y esta lo había criado durante 18 años. Ahora Vehuel era todo un hombre y se complacía en hablar con las plantas y los animales, que perecían entender su lenguaje.

Un día, Vehuel, sin poder evitarlo oyó la conversación que mantenían sus padres ilegítimos y conoció la verdad sobre su identidad. El joven que era noble y bueno comprendió lo que había sucedido, pero dijo a sus protectores que debía ir en busca de sus verdaderos padres.

Vehuel ya dirigía sus pasos hacia la Ciudad Sagrada, y cuando se acercaba a ella notó como el aire se enrarecía impidiéndole casi respirar. Tuvo que hacer grandes esfuerzos para seguir su camino, pero poco a poco se fue acostumbrando a el sintiendo como en su pecho ardía un fuego hasta ahora desconocido.

A su paso, Vehuel vio como los hombres permanecían prisioneros de un sopor que no les permitía pensar. Encontró en su camino a un joven que lloraba amargamente. Se acercó a él preocupado y le dijo:

¿Por qué lloras muchacho? Por la intensidad de tu dolor, algo grave debe ocurrirte.

Sí es cierto, acaban de cortarme el cabello más de la cuenta -contestó el afligido joven -.

Vehuel no supo contestar, pues no comprendía como podía llorar por tal banalidad. Así fue encontrando otros muchos casos y comprendió que aquel pueblo no tenía espíritu, estaba vacío y se dijo que debía hacer algo para ayudarles.

Sin pensarlo más, se puso a trabajar. Día tras día trabajaba incansablemente y al poco tiempo muchos se unieron a él. Al cabo de unos días, el grupo había crecido considerablemente y cuando este fue lo suficientemente grande, Vehuel, les hablo:

Muchos de vosotros habéis conocido el placer de la tierra y habéis quedado prisionero de sus seductores encantos. Ahora podréis conocer el verdadero goce que tan solo Dios puede ofrecer. Seguid mis pasos y abandonemos este valle. Elevémonos hasta la montaña de Hochmah, donde mi padre el Príncipe Urano nació. Allí encontraremos la faz de nuestro creador.

Así fue como Netzah dejo de ser la tierra profanada por la mayoría y Se convirtió en la Ciudad Sagrada donde moraba el Eterno Amor.

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Se Honesto y Olvidate del Mundo

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Decálogo de la honestidad

  1. La persona íntegra vive lo que predica y habla lo que piensa.
  2. La honestidad consiste en decir toda la verdad a quien corresponde, de modo oportuno y en el lugar correspondiente. Decir la verdad no implica ser irrespetuoso con nadie.
  3. La persona íntegra, además, es auténtica. Hay coherencia entre lo que hace y lo que debe hacer, de acuerdo a sus principios. Vive auténticamente como un ser humano.
  4. La persona que miente (por engaño, exageración, precipitación al hablar, etc.) se hace un daño a sí misma. La mentira es auto-destructora; siempre se paga.
  5. Mentir para dañar a alguien voluntariamente es una injusticia.
  6. Ser justo es dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde; derechos, reconocimiento y gratitud.
  7. La falta de integridad se quiere justificar diciendo que todos actúan así, o que es la única forma de salir adelante, es necesario vivir según los principios, aunque esto suponga ir “contra corriente”.
  8. Ser honesto es ser transparente; Es necesario desprenderse de las máscaras que el ser humano se pone para defenderse, para ocultar sus inseguridades o miedos. El recelo, la agresividad, las apariencias, son algunas de estas máscaras.
  9. Una falta de honestidad, de veracidad, es aparentar una imagen que no corresponde con la realidad. Por ejemplo, aparentar virtudes que no se tienen.
  10. Preocuparse excesivamente por “el qué dirán”, aparte de mostrar inseguridad en uno mismo, es una falta de sencillez. También lo es justificarse o excusarse.

Se honesto, vive como pienses, y olvidate del mundo.