Luz sobre Judas.

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En el año 130 d.C, el obispo Papías de Hierápolis (Asia Menor) repetía la leyenda que había corrido y crecido de boca en boca: que Judas Iscariote, el discípulo traidor, fracasó en su intento por ahorcarse, pero, si bien sobrevivió, comenzó a hincharse hasta presentar un aspecto monstruoso. Su cuerpo, cubierto de llagas y pústulas, se caía a pedazos, hasta que finalmente murió en el terreno comprado con los 30 siclos de plata que le pagaron por haber entregado a Jesús.

Otra versión armenia especificaba que el Iscariote se encerró en una vivienda para suicidarse “y estuvo colgado el viernes y el sábado, pero la fetidez atrajo a la gente de Jerusalén” quienes lo descolgaron.

El monje Jorge Cedreno, en el siglo 12, dijo que no se suicidó pero tampoco se arrepintió. Los apóstoles lo animaban a que hiciera penitencia y pidiera perdón a Dios, pero él se rehusó.

“Inmediatamente después de la ascensión de Cristo, Judas se infló, reventó por enmedio y murió”, relata Cedreno, un final que coincide, parcialmente, con la descripción que el mismo apóstol Pedro hace el día de Pentecostés, en su primera predicación, registrada en el libro Hechos de los Apóstoles, aunque dando a entender que ello sucedió al desprenderse la rama del árbol del ahorcamiento y caer en un precipicio.

En todo caso, tales finales tormentosos sólo hacen eco a la condena universal hacia un personaje que se convirtió en el arquetipo de traidor, el cual, según La Divina Comedia, de Dante Alighieri, es perpetuamente masticado por una bestia en el infierno.

¿Dé donde venía su sobrenombre?

Entre los apóstoles hay dos Judas: Tadeo e Iscariote, el traidor. ¿De dónde venía este apodo? Algunas versiones atribuyen el sobrenombre a la palabra griega “sicarius” (asesino) por pertenecer a los zelotes, una facción de la resistencia judía a la ocupación romana.

Otros, relacionan a Judas con la tribu de Isacar, sin embargo existe una opinión más extendida y verosímil: “Judas tenía un nombre bastante común en su tiempo; en la traducción griega es equivalente a Judá. Era originario de Kariot, un pequeño pueblo del sur de Judea. De allí el apelativo Ish-Kariot”, explica el teólogo Rolando Alvarado, sacerdote jesuita.

“Fue el único judío entre los 12 discípulos que Jesús eligió (el resto eran galileos) y por ello poseía ideas religiosas más enraizadas y un gran apego a las concepciones tradicionales del Mesías, que era esperado en la forma de un profeta, de un gran sacerdote o de un rey que derrotaría a los invasores. Judas es cautivado por la figura de Jesús, pero cuando éste se presenta como hijo de Dios, debió sufrir un gran impacto y una terrible decepción”, agrega Alvarado.

¿Judas quería que Jesús muriera?

Samuel Berberián, doctor en Religiones Comparadas, concuerda con dicha visión: “Judas era un hombre idealista. Siguió al Maestro porque, al igual que los otros apóstoles, pensó que los iba a sacar de la opresión. Jesús se había escabullido varias veces cuando intentaron capturarlo. Quizá Judas pensó que Jesús escaparía otra vez o que por fin lo presionaría a manifestarse de manera portentosa. No contaba con que Jesús había venido a eso, a sacrificarse. Ello explica el porqué se suicidó, tan desesperadamente, poco después”.

Alvarado recalca: “Judas no tenía la intención de que Jesús muriera. No creyó que eso fuera a ocurrir, pero al ver lo que había provocado, sufrió grandes y terribles remordimientos”.¿Destinado a traidor?

En la película Jesucristo Superestrella, de 1973, se presenta a Judas como víctima de Dios, en un papel determinado del cual no puede escapar. Pero ¿Estaba irremediablemente destinado?

“Si tomamos la palabra ‘destinado’ como sinónimo de ‘obligado’ a ser el traidor, no. No estaba destinado”, señala enfáticamente el sacerdote César Alonzo.

“Judas siempre tuvo la libertad para determinar sus actos”, agrega, para interceptar la postura de algunos defensores de Judas, que lo eximen de culpa (e incluso lo exaltan) al atribuirle mérito por detonar la pasión y crucifixión de Jesús, hecho central de la Redención cristiana. Alonzo añade: “Si bien es cierto que en el misterio de la Providencia de Dios alguien tenía que ser traidor, quien fuera a cumplir con ello, Judas o quien lo hubiera hecho, en ningún momento fue obligado o inducido por Dios. Los mismos actos libres de la voluntad de Judas fueron determinando su decisión final, incluso su forma de muerte”.

 ¿Por qué lo eligió Jesús?

Tal libertad fue subrayada en la década de 1940, por el jesuita Ferdinand Pratt, en la biografía Jesucristo, su vida, doctrina y obra: “Es necesario creer que Judas no era indigno en el momento de su elección.

Más tarde se apoderó de su alma el demonio de la avaricia, de la ambición y la envidia y de caída en caída, lo precipitó al abismo”, una postura parecida a la expresada ya en el siglo 16 por el teólogo español Juan de Maldonado: “Judas entregó a Jesús no por obra, ni impulso, ni inspiración sino por permisión de Dios”.

El mismo San Agustín de Hipona, en el siglo 4, escribió que Jesús, “habiendo tomado sobre sí las humanas flaquezas, quiso someterse a la flaqueza humana de la traición”

¿Y por qué lo traicionó?

Aún es un misterio la motivación específica de Judas para vender a a su maestro, el mismo que le había confiado la administración del dinero de todo el grupo, pero se han trazado varias hipótesis, en base a su perfil y a reacciones registradas por los Evangelios.

La codicia ha sido la razón más popularmente aceptada, pues el mismo San Juan hace constar que el Iscariote hurtaba dinero de la bolsa común a su cargo, al igual que registra el capcioso reclamo que hace a Jesús cuando una mujer derrama un frasco de fino perfume, cuyo valor calcula él mismo, con sospechosa exactitud, en 300 denarios.

Pero, “cuando los evangelistas presentan a Judas como un administrador fraudulento preparan en realidad la escena de Judas dirigiéndose a los sumos sacerdotes y preguntando: “¿Qué me queréis dar?”, señala el historiador bíblico Giuseppe Ricciotti, quien sin embargo aclara que debió existir otra motivación adicional, que lo llevó a devolver el dinero y a matarse: “Esta no es la actitud de un simple avaro, pues éste habría quedado satisfecho con el lucro obtenido”.

Por ello hay dos posibilidades: una, el temor a perder la estima de Jesús tras ser denunciados sus desfalcos. La otra, los anuncios de Jesús de su propia muerte, que lo habrían llevado a pensar en alguna ganancia antes de que tales avisos se cumplieran.

Sin embargo, el padre Alvarado estima que 30 siclos de plata no era una cifra muy elevada y que la traición empezó a gestarse a partir de la decepción: “Judas quería un líder político beligerante mientras Jesús decía ser la puerta, el camino, algo que ningún rabino judío afirmaría de sí mismo. Judas sintió temor de perder sus convicciones religiosas”.

La envidia es otra razón propuesta por el doctor Berberián: “Judas sabía de contabilidad, de religión, era alguien con educación, pero le amargaba ver cómo Jesús prefería a Pedro, que era un pescador o a Juan que era sólo un muchacho”.

¿Conoció Jesús a Judas mucho antes de ser discípulo?

Los evangelios apócrifos (aquellos no reconocidos por la Iglesia, dado su carácter fantástico o su falta de fundamentos teológicos) han servido, sin embargo, como una fuente alternativa para reconstruir el perfil hipotético de Judas.

El llamado Evangelio Árabe de la Infancia relata que había un niño poseído por un demonio que mordía a los otros niños y quiso atacar a Jesús, que tenía sólo tres años. Sólo alcanzó a golpearlo en un costado, pero fue doloroso y Jesús lloró. En ese momento, el demonio salió del niño en forma de perro rabioso. ¡Oh coincidencia! aquel niño se llamaba Judas Iscariote.

¿Porqué utilizó un beso para entregar al Maestro?

“¿Amigo, a qué has venido?” La escena del beso de Judas en la mejilla de Jesús es muy conocida, pero su sentido es muy debatido. ¿Fue una última muestra de respeto o de ironía? El vicerrector Alvarado estima que era una convención cultural: “Sólo se saludaba así al maestro y Judas iba a mostrar quién era el maestro”, dice.

Tal exactitud le daría credibilidad ante los guardias que realizarían el arresto. Justamente, el filósofo Francisco Suárez, en el siglo 16, escribe: “Estuvo muy solícito por que no se escurriera Cristo de manos de los soldados por algún error porque siempre era llevado por la codicia del dinero, pues aún no lo había recibido, sino que sólo se le había prometido”.

Asimismo, los teólogos coinciden en interpretar la pregunta de Jesús, al verlo, (“Amigo, ¿a qué has venido?”), como el último de varios llamados de conciencia. Frases anteriores como “Uno de ustedes es un demonio” o “Uno de vosotros me va a traicionar” no eran predicciones sino invitaciones al arrepentimiento. Incluso la famosa frase de Jesús a Judas, “lo que vas a hacer hazlo pronto”, podría referirse al cambio espiritual.

¿Se arrepintió o no?

Tras ver el sufrimiento de Cristo “sintió Judas el horror de su pecado, pero le faltó la confianza: no lloró las lágrimas de amoroso dolor de Pedro (que había negado a su maestro); aquellas treinta monedas se le hacían peso insoportable”, refiere el historiador bíblico Andrés F. Truyols.

La secta denominada de los cainitas, sostenía que Judas, al traicionar a Jesús había hecho una buena obra pues así había permitido la salvación. Tal postura quedó registrada en un manuscrito, denominado Evangelio de Judas, que registra asimismo varias conversaciones entre este personaje y Jesús. El obispo Irineo de Lyon, hacia el año 180 d.C, confirmaba la existencia del texto y declaraba ya que era una herejía que le daba a Judas un mérito por su papel.

La misma ley judía declaraba maldito a quien muriera colgado, con lo cual, el suicidio era sólo la última y más irremediable de toda una serie de decisiones tomadas por Judas en base a la codicia, el orgullo, el egocentrismo o incluso la desesperación.

Sin embargo, Santa Brígida, monja y vidente del siglo 14, aseguró que en una de sus visiones, Jesús le permitió hacerle una pregunta, acerca de cualquier cosa que ella quisiera conocer. Ella preguntó “¿Se salvó o se condenó Judas?”, sin saber que la misma pregunta hizo otra vidente, Santa Gertrudis, un siglo antes. La respuesta fue la misma: “¡Si supieras lo que tuve que hacer para salvarlo!”.

 

 

 

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Yo si creo, que tenemos que pedir perdón

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Brevísima relación de la destruición de las Indias.

Colegida por el obispo don fray Bartolomé de las Casas o Casaus, de la orden de Santo Domingo. Año 1552

Prólogo del obispo don fray Bartolomé de las Casas o Casaus para el muy alto y muy poderoso señor el príncipe de las Españas don Felipe, nuestro señor.

De la isla Española:

En la isla Española, que fue la primera, como dejimos, donde entraron cristianos y comenzaron los grandes estragos y perdiciones destas gentes y que primero destruyeron y despoblaron, comenzando los cristianos a tomar las mujeres e hijos a los indios para servirse y para usar mal dellos y comerles sus comidas que de sus sudores y trabajos salían, no contentándose con lo que los indios les daban de su grado conforme a la facultad que cada uno tenía, que siempre es poca, porque no suelen tener más de lo que ordinariamente han menester y hacen con poco trabajo, y lo que basta para tres casas de a diez personas cada una para un mes, come un cristiano y destruye en un día, y otras muchas fuerzas y violencias y vejaciones que les hacían, comenzaron a entender los indios que aquellos hombres no debían de haber venido del cielo; y algunos escondían sus comidas, otros sus mujeres e hijos, otros huíanse a los montes por apartarse de gente de tan dura y terrible conversación. Los cristianos dábanles de bofetadas y de palos, hasta poner las manos en los señores de los pueblos; y llegó esto a tanta temeridad y desvergüenza que al mayor rey señor de toda la isla, un capitán cristiano le violó por fuerza su propia mujer.

De aquí comenzaron los indios a buscar maneras para echar los cristianos de sus tierras. Pusiéronse en armas, que son harto flacas y de poca ofensión y resistencia y menos defensa (por lo cual todas sus guerras son poco más que acá juegos de cañas y aún de niños). Los cristianos, con sus caballos y espadas y lanzas comienzan a hacer matanzas y crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos ni dejaban niños, ni viejos ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio o le cortaba la cabeza de un piquete39 o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellas en ríos por las espaldas riendo y burlando, y cayendo en el agua decían: «¿Bullís, cuerpo de tal?»40 Otras criaturas metían a espada con las madres juntamente y todos cuantos delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a honor y reverencia de nuestro Redentor y de los doce apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca; pegándoles fuego así los quemaban. Otros, y todos los que querían tomar a vida, cortábanles ambas manos y dellas llevaban colgando, y decíanles: «Andad con cartas», conviene a saber41: «Llevá las nuevas a las gentes que estaban huidas por los montes».

Comúnmente mataban a los señores y nobles desta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos, en aquellos tormentos desesperados se les salían las ánimas. Una vez vide que teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros) y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impidían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que verdugo, que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla) no quiso ahogallos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen, y atizóles el fuego hasta que se asaron de espacio como él quería.

Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas, y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí que por un cristiano que los indios matasen habían los cristianos de matar cien indios.

¿Feminismo demoníaco?

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A lo largo de todos los millones de años la mujer ha sido siempre despreciada por las religiones occidentales. Todos conocemos la historia del Génesis pero, ¿nos ha llegado el mito como realmente fue escrito? Hoy me gustaría presentaros una vez mas a Lilith, la primera compañera de Adán.

“Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.” Génesis 2:22

Todos conocemos esta frase, una frase que discrimina a la mujer hasta el punto de tacharla como producto de las “sobras” de lo que es el hombre. Sin embargo, la Biblia cristiana posee una contradicción, y es que antes de la creación de Eva dice:

“Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó”.

Durante siglos se ha buscado la explicación a estas frases, se han propuesto seres andróginos y otras historias, pero si rastreamos en otras Biblias nos encontramos una cosa muy diferente. Así nos lo cuenta la versión hebrea, en la que aparece un nuevo personaje: Lilith, la primera mujer, que fue creada a la par de Adán y de la misma manera, eran seres iguales, eran pareja. ¿Qué pasó entonces con Lilith? Lilith era una mujer libre, no se sometía ante nadie. Cuando Adán y ella comenzaron a tener relaciones, Adán exigía siempre posicionarse encima, sin embargo ella no estaba a favor de esto:

“¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual”

Adán insistía en que él era superior, pues era él el que había sido creado a imagen y semejanza del creador. Entonces ella, a quien Dios le dio alas para poder hablar con ella, abandonó voluntariamente el Edén, pues no se sometía. Dice la leyenda que se fue a vivir a orillas del Mar Rojo, donde vivían ya muchos demonios, donde voluntariamente se entregó sexualmente a ellos (se ve que los demonios son menos opresores que los hijos de Dios). Cuando Dios mandó a tres ángeles a buscarla ella se negó a volver. Se dice que fue castigada por esto a contemplar como cien de sus hijos mueren cada día y la tradición judía la culpa de la muerte de los menores de 8 días, pero esta parte de la historia no nos interesa, centrémonos en su figura.

¿De donde viene esta figura de mujer insumisa que, como vemos (aunque demonizada), tiene miles de años de antigüedad? Lilith se encuentra también en la cultura mesopotámica, de la que la tradición hebrea sacó el nombre de un demonio femenino llamado Lilitu.

Como vemos, cualquier insumisión se castiga por las religiones transformándote en demonio. Puede que a algunos les haga pensar que las rebeliones son malignas, sin embargo creo que hay otra manera de verlo. Los demonios no son tan malignos como se nos muestran, sino figuras con una dignidad que les impide someterse.

Lilith fue condenada por Dios, y sin embargo, siguió siendo libre hasta el punto de convertirse en símbolo de libertad en nuestra cultura (al menos entre los que la conocen).

Ahora toca decidir: ¿Seréis como Lilith? .

 

Sacerdotisas. Chamanas. Curanderas.

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El incremento del dominio masculino en la sociedad y la religión hizo declinar la posición de la chamana y la sacerdotisa hasta tal punto que los hombres terminaron por adoptar sus roles. El papel de la sacerdotisa fue tan fuertemente reprimido que la actividad de la mujer en la religión estructurada terminó por desaparecer por completo; lo que si consiguió perdurar de un modo “clandestino” fue la posición de adivina o bruja, que se convirtió en el último vínculo con las primitivas religiones matriarcales. La hechicera de la aldea era una experta en la magia de la naturaleza, la curación y las relaciones entre las personas, y tenía la capacidad de interactuar con las estaciones, su propio ciclo menstrual y su intuición; ayudaba y guiaba a sus semejantes en lo concerniente a la vida y la muerte, actuaba como iniciadora y transformadora valiéndose de rituales de transición y dirigía ceremonias extáticas.

Una mujer que toma conciencia de su ciclo y las energías inherentes a el, también aprende a percibir un nivel de vida que va más allá de lo visible; mantiene un vinculo intuitivo con las energías de la vida, el nacimiento y la muerte, y siente la divinidad dentro de la tierra y de sí misma. A partir de este reconocimiento la mujer se relaciona no sólo con lo visible y terrenal sino con los aspectos invisibles y espirituales de su existencia.

Fue a través de este estado alterado de conciencia que tenía lugar todos los meses que las chamanas/curanderas y más adelante las sacerdotisas, aportaron al mundo y a su propia comunidad su energía, claridad y conexión con lo divino. La curación, la magia, la profecía, la enseñanza, la inspiración y la supervivencia provinieron de su capacidad de sentir ambos mundos, de viajar entre los dos y de llevar sus experiencias al otro.

Estas mujeres simbolizaban el equilibrio de la conciencia y las energías femeninas dentro de una sociedad y una religión dominadas por hombres, pero como desafortunadamente estos poderes representaban una clara amenaza para la estructura masculina, durante la época medieval se las persiguió sin tregua hasta virtualmente destruir la tradición de la bruja o hechicera en la sociedad. Al atacarles, los perseguidores no hacían otra cosa que admitir su poder, pero no fueron esas agresiones las que finalmente destruyeron la brujería: fue el hecho de que con el paso del tiempo la sociedad terminó por negar la existencia de estos poderes femeninos. La bruja se transformó entonces en objeto de mofa: comenzó a aparecer en los cuentos infantiles e inclusive, durante la víspera de la celebración de Todos los Santos (Halloween), como una figura cómica. Lamentablemente los primeros castigos que se les impusieron cada vez que eran capturadas, así como el miedo y la vergüenza que posteriormente provocó su imagen, hicieron que la mujeres dejasen de expresar aquellas habilidades y necesidades que habrían supuesto el resurgimiento de la tradición. Los efectos directos de las persecuciones de las brujas todavía se perciben hoy en día: hacen falta enseñanzas espirituales, arquetipos y tradiciones que reconozcan la naturaleza femenina y sus energías, y demás está decir que ya nadie nos guía en su utilización.

     Fuente:  Miranda Gray: Luna Roja, los dones del ciclo menstrual, Editorial Gaia

La sexualidad , ¿ Camino a la Perfeccion?

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El sentimiento de vergüenza es uno de los mayores obstáculos que la mayoría de nosotros enfrentamos. En una cultura que nos ha infectado con las nociones de virtud y la vergüenza; donde las mujeres fueron una vez considerados como incapaces de experimentar un orgasmo, se pone de manifiesto lo difícil que es aceptar y reconocer esta fuerza de vida que existe dentro de nosotros abiertamente

La vergüenza es una emoción que se nos enseñan nuestras familias y comunidades. Desde una edad muy temprana se nos enseña lo que “debe y no debe sentirse mal”, y como resultado de esto, desarrollamos la capacidad de experimentar culpa. A través de la culpa comencemos a rechazar los aspectos sagrados de nosotros mismos y reprimirlos profundamente en nuestras propias sombras; nuestros deseos sexuales, manías, atracciones y fantasías.

Antes de ideologías dogmáticas, la sexualidad se respetó durante miles de años como una expresión sagrada de la fuerza vital de la naturaleza y el misterio de la creación. Es importante dejar en claro eneste artículo que la relación íntima también puede funcionar como un catalizador para el cultivo de bienestar espiritual.

 

Sexo Espiritual: 3 Tipos de Unión Divina.

Un aspecto cumbre sobre la energía sexual es que es uno de los pocos instintos dentro de nosotros que rara vez pueden ser completamente “civilizado”. Si usted está cansado por el empleo y el trabajo en casa y un amigo le ofrece ir al cine quizás deja pasar la oferta. Pero si tuviera que cumplir con una persona atractiva que le agrade realmente y que la situación les permitas disfrutar del amor, sería despertar una energía muy dentro de usted que no era consciente que existía.

Cualquier tipo de experiencia de éxtasis, como el sexo espiritual, es un punto de partida ideal para iniciar el cultivo de momentos espirituales de “no-mente” y llevarlos de forma natural en nuestra vida diaria. De hecho, existen tres tipos principales de relaciones sexuales que se pueden beneficiar de:

1- La Unión en Estado de Alerta

La mayoría de las experiencias sexuales por primera vez con los socios caen en este tipo de unión. Cuando nos hacemos vulnerables, íntimo, impresionados y trabajamos hacia ese momento de placer mutuo de dicha, nuestra conciencia aumenta por la novedad de explorar el cuerpo de la otra persona.

Esta unión no es tanto una atención consciente, sino una alerta de conciencia que la toma instintivamente. Nuestros sentimientos de vulnerabilidad y emoción hacen que nuestro mecanismo natural de adrenalina estimule el estado de alerta haciendo la experiencia mucho más primitiva que espirituales. Este tipo de relaciones sexuales es muy adictiva al igual que la novedad de la búsqueda de nuevas parejas sexuales que nos recompensa con ese estado momentáneo “como un dios” de la conciencia.

2- La Unión Consciente

En la unión consciente, aprendemos a cultivar una más equilibrada forma de sexo espiritual, uno que crea armonía entre el animal apasionado y los juegos sensuales de nuestra sexualidad. En la unión consciente escuchamos a nuestros deseos sexuales, exploramos nuestro cuerpo y el de nuestro amante, construimos una intimidad más profunda a través de ojos, nos acariciamos sensualmente, y seguimos nuestras formas más profundas de la expresión sexual.

Estos a menudo generan intensos sentimientos de unión y el amor que brevemente nos lleve más allá de nuestro sentido de sí mismo. Es a través de esta práctica de la unión consciente que podemos llegar a la siguiente fase de la unión sentimental

3- La Unión Conmovedora

Hay una hermosa expresión en las escrituras sánscrito tántricos conocidos como “Maithuna”, que se traduce literalmente como “la unión sexual.” Maithuna es una de las enseñanzas más importantes del Tantra, ya que hace uso de la “intensidad sexual” consciente como una escalera que asciende a las alturas mayores de intensidad, centrándose en la iluminación del alma, y no sólo en el placer sexual física.

El impulso sexual se deriva de la fuerza del cuerpo y nuestras emociones, y por sí mismo no es lo suficientemente potente como para elevar a nuevos niveles de conciencia. Es el sexo tántrico el que nos ayuda a experimentar una verdadera unión conmovedora para ayudarnos a encarnar nuestra Alma. Este tipo de relaciones sexuales sólo puede ser descrito como una sensación de infinita felicidad pura, el calor y la identidad de fusión especialmente durante el orgasmo.

Si desea experimentar la unión conmovedora a través del sexo espiritual, he aquí algunas recomendaciones:

 

  • Permanecer célibe durante todo el tiempo que pueda. Esto aumentará su energía sexual para que pueda aprender a canalizarla. Usted puede sentir una sensación de hormigueo en la parte baja de la espalda, esta es su energía kundalini que ayuda a la experiencia de la unidad.

 

  • Aparte tiempo para dedicarse únicamente a su pareja. Crear un espacio sensual con velas, música étnica suave, vestidos de seda, fragancias afrodisíacas, y así sucesivamente.

 

  • Sentarse delante de la otra persona y mover las manos ligeramente sobre el cuerpo de su pareja (para despertar sus nervios). Permita sentir un hormigueo a través de su cuerpo, pero no permita que sus manos pasen por encima de sus zonas erógenas (pezones, pene, etc.), solo cerca de ellos. Prolongar este estado de excitación durante el tiempo que se desee.

 

  • Sentarse en el regazo de la otra persona (llamada la posición “yab-yum”) y respire el aliento del otro. Esto permite que ambos puedan armonizarse conscientemente entre sí.

 

  • Mantener el contacto visual durante todo el acto. Presenciando el acto de hacer el amor le permite estar presente y ve algo de inmensa belleza, aparte de disfrutar de un increíble sexo espiritual.

 

Fuente: https://hermandadblanca.org.

La Magia y el sexo en el antiguo Egipto.

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La magia por definicion es el conjunto de conocimientos y prácticas con los que se pretende conseguir cosas extraordinarias con ayuda de seres o fuerzas sobrenaturales.

Ahora bien, la Magia también se utiliza para someter la voluntad de los hombres y las mujeres, convencerles de que hagan cosas que aborrecerían habitualmente y, finalmente, lograr que se enamoren de una persona o mantengan relaciones sexuales con ella.

Estos son los tres objetivos básicos que buscaban los dos papiros del Antiguo Egipto que, después de llevar más de un siglo en las estanterías de varios museos, han sido traducidos por Franco Maltomini, de la Universidad Udine en Italia. Así lo afirma la versión digital de la página especializada «Live Science».

En palabras de Maltomini, la principal característica de los hechizos es que cuentan a sus espaldas con más de 1.700 años de antigüedad y, curiosamente, fueron escritos para que cualquier persona pudiese usarlos.

A su vez, ambos están escritos en griego e incluyen una serie de «palabras mágicas» tipo para someter la voluntad de una persona. Ambos fueron elaborados a mano sobre dos papiros que datan del siglo III D.C. y, en palabras de esta página especializada, fueron hallados hace más de 100 años en Oxirrinco, Egipro por los arqueólogos Bernard Grenfell y Arthur Hunt.

El primero de los papiros tiene el objetivo, literalmente, de «hacer arder el corazón» de una mujer hasta que ame a quien pronuncie el hechizo. Está escrito en griego (algo habitual en aquella época) e invoca a varios dioses gnósticos (parte de una antigua religión que incorporaba elementos del cristianismo).
En palabras del experto, el interesado debía lanzarlo en una «casa de baños» escribiendo en sus paredes el siguiente texto: «Yo os conjuro, agua y tierra, por el demonio que habita en vosotras. Conjuro la fortuna de este baño de manera que, a medida que ardeis y quemais, quemeis a (la mujer a la que quieras hechizar) nacida de (el nombre de la madre) para que venga a mi». A continuación, se debían nombrar varios dioses y palabras mágicas.

El segundo texto, escrito también en griego, fue ideado para aquellas mujeres que deseasen «someter» a un hombre para que hiciese todo aquello que ella deseara. Para que este funcionase era necesario grabar en un pequeña placa de cobre una serie de palabras mágicas y, posteriormente, coser esta a una prenda que portase el sujeto (como una sandalia). El hechizo era el siguiente: «Somete a (nombre del hombre) nacido de (nombre de su madre)».

Además de estos dos hechizos, en la parte posterior de los papiros hay una lista de recetas que se basan en el uso de excrementos de animales para tratar una amplia lista de dolencias, entre las que se incluyen dolores de cabeza y lepra. Algunas de ellas incluyen la anotación «ayudan a promover placer». Una, por ejemplo, afirma que combinando miel y excrementos de aves en salmuera se «logrará conseguir placer».

Todo un desafío para valientes. O no

 

Las mujeres le robaban el pene a los hombres para castigarlos.

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Desde épocas ancestrales el peor terror de los hombres ha sido el de perder su órgano sexual. El falo, además de ser el medio a través de que el género masculino marca su huella en el mundo con su descendencia, es símbolo de hombría y virilidad. Lejos de entrar en el debate en el que se disputa si un pene define el valor de un hombre o no, éste es una parte importante que completa la salud de su cuerpo; al igual que lo haría una pierna o una oreja.

La tortura de perder su órgano es tan ruin como la cacería de “brujas” que se llevaba a cabo en la Edad Media. Con crueldad y alevosía se capturaban a todas las mujeres que un grupo de hombres consideraba brujas, para lastimarlas hasta la muerte de las formas más horripilantes posibles. Estas supuestas brujas se ganaban ese título debido a una personalidad que hoy denominaríamos como sensual o erótica. Pues todo lo relacionado con el sexo, abortos y esterilidad, era ligado a un sinfín de pecados satanizados. Los cuales eran castigados con tortura, encierro y muerte.

La cacería de brujas se dio a conocer a través de distintos escritos de esa y épocas posteriores. El manual de Heinrich Kramer escrito en el siglo XV, “Malles Maleficarum”,  describió una de las prácticas más aterradoras que estas supuestas brujas llevaban a cabo durante el medievo. Y aunque el manual para cazar a estos monstruos está calificado como uno de los libros más grotescos y misóginos de la historia, debido a los asesinatos que éste provocó, también fue el testimonio de decenas de hombres que aseguraban haber sido víctimas de las fauces de estas maléficas mujeres.

Ellos contaron que el insaciable deseo sexual de las brujas de la Edad Media enfermó sus penes hasta mutilarlos. Otros declararon haber sido hechizados, pues se cuenta que estas aberrantes criaturas desaparecían los penes de sus víctimas para después guardarlos en nidos donde los alimentaban con avena mientras los miembros seguían moviéndose como culebras hambrientas.

La realidad, según otros escritores, es que la magia con la que estos monstruos femeninos actuaban tenía un solo objetivo: confundir a los hombres hasta hacerlos pensar que sus penes habían desaparecido. Lo lograban a partir de un juego de luces con los que las sobras ocultaban los órganos sexuales del cuerpo masculino.

Otro de los relatos de Kramer fue el que protagonizó un hombre que buscaba ansiosamente la ayuda de las brujas para encontrar su miembro perdido. Ellas lo engañaron diciéndole que podía elegir el pene que quisiera del nido de falos que alimentaban con avena y otros cereales. El incrédulo tomó el más grande y como castigo las brujas lo asesinaron.

Alrededor de la leyenda sobre las mujeres que tenían la siniestra capacidad de desaparecer el pene, también surgió otro mito acerca del árbol de falos. El historiador Johan Mattelaer afirmó que entre finales del siglo XIII y principios del XVI, el árbol de los penes era un fenómeno común en Europa. Sin embargo, los únicos vestigios sobre ellos quedaron en obras que retratan este mito.

Un manuscrito francés del siglo XIV contiene dos imágenes de monjas recolectando penes de los árboles y guardándolos bajo sus ropas; también existe un grabado en madera de principios del siglo XV que actualmente se conserva en un museo de Alemania, el cual representa a una mujer recogiendo penes mientras su amante examina un árbol de vulvas. Y existe un blasón decorativo encontrado en Holanda que muestra a una pareja haciendo el amor bajo un árbol de falos.

La conclusión de Kramer, expresada en el “Malleus Maleficarum”, es: “Toda brujería procede de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable”. Ésta última es material suficiente para preguntarnos: si eso fuera verdad ¿quién necesitaría a los hombres? ¿Se trata de un manifiesto para la salvación de la población del medievo o de un escrito criminal y falso? ¿Las brujas eran mujeres con poderes malignos o ese fue el nombre que Kramer decidió ponerle fin a su misoginia esparcida?