EL ENIGMA DEL PORTADOR DE LA LUZ ( y 2 )

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¡¿Qué terrible sufrimiento, empero, no habría de traer la aplicación de semejante principio en la Tierra?! La desgracia que dicha aplicación habría de causar sería tremenda, ya que en la Tierra no es como en las regiones de las tinieblas, donde solo convive lo que guarda afinidad entre sí, sino que lo oscuro y lo claro viven uno al lado del otro y el uno con el otro. Uno sólo necesita pensar en la vida sexual y cosas por el estilo. Si se le diera rienda suelta a la práctica de este principio entre los hombres, al final tendríamos inevitablemente una Sodoma y Gomorra de la que no habría quién saliera y cuyo final sólo podría ser un horror sin igual.

Pero, aparte de eso, ya hoy uno puede ver numerosas víctimas de enseñanzas similares, víctimas estas que deambulan sin un sostén y cuya pobre conciencia de sí mismas y, a decir verdad, todo su pensar propio han sido completamente desmenuzados y aniquilados allí donde, llenas de confianza, esperaban recibir ayuda. Y acaban como las personas a las que de manera sistemática se les rasga las vestiduras del cuerpo para así obligarlas a ponerse las nuevas ropas que se les ofrece. Tras haber sido desnudadas de semejante forma, la mayoría de tales personas, desgraciadamente, ya no pueden entender por qué deben ponerse nuevas ropas. Debido a la sistemática intromisión en sus cuestiones y derechos más personales, pierden, al cabo del tiempo, su pudor, el cual es un factor sustentador de la conciencia de sí mismo y sin el cual no puede haber nada personal; dicho pudor forma incluso parte de lo personal.

En un suelo tan removido no hay manera de levantar una edificación nueva y firme. Semejantes personas, con algunas contadas excepciones, no vuelven a recuperar su independencia, y ello puede a ratos llegar a hacerles sentirse desvalidas, dado que se les ha privado del poco sostén con que contaban.

Estos dos principios, el de apurar los goces de la vida y el de la tentación, están tan estrechamente ligados que el apurar los goces de la vida tiene obligadamente que venir precedido de la tentación. O sea que es, como quien dice, el acatamiento y la propagación del principio de Lucifer.

El verdadero médico del alma no necesita echar nada abajo. Ese sana primero y después edifica sobre lo existente. El verdadero principio consiste en el cambio de un anhelo falso a través de la comprensión.

Como es lógico, empero, la aplicación de este principio sin amor trajo, por ley natural, la inevitable consecuencia de que Lucifer se fuera separando cada vez más de la voluntad amorosa del Creador todopoderoso, lo cual ocasionó su aislamiento o expulsión de la Luz y, con ello, su caída a regiones cada vez más profundas. Lucifer es alguien que se ha separado de la Luz a través de sus propias acciones, lo cual equivale a ser un expulsado.

La caída hubo igualmente de tener lugar según las leyes primordiales existentes, según la inalterable voluntad sagrada de Dios Padre, ya que no es posible que ocurra de otra manera.

Ahora bien, dado que únicamente la voluntad de Dios Padre, el Creador de todas las cosas, es omnipotente y está también arraigada en la Creación material y en el desarrollo de Ésta, a Lucifer le es posible enviar su principio a la materia, pero las implicaciones de dicho principio solo pueden moverse dentro del marco de las leyes primordiales establecidas por Dios Padre y están obligadas a configurarse en el sentido de éstas.

Así que, si bien es cierto que Lucifer, mediante la persecución de su principio erróneo, puede dar un impulso hacia caminos peligrosos para la humanidad, a él no le es posible, empero, obligar o forzar a los hombres a hacer alguna cosa mientras éstos no se hayan animado a ello voluntariamente.

En realidad, Lucifer sólo puede tentar. Ahora, el hombre como tal ocupa en la Creación material una posición más firme y, por consiguiente, mucho más segura y más vigorosa que lo que la influencia de Lucifer pueda afectarlo jamás. Con ello, todo ser humano está tan protegido que para él es décuplamente vergonzoso el dejarse tentar por esta fuerza que es más débil que él. El hombre debe tener presente que Lucifer se encuentra fuera de la materia, mientras que él se encuentra en un suelo, en un terreno que le es completamente familiar y en el que tiene los pies bien fijados. Para poner en práctica su principio, Lucifer está obligado a servirse de sus tropas auxiliares, las cuales se componen de espíritus humanos que han caído en las tentaciones.

Ahora, todo espíritu humano que aspira a las cumbres no sólo está a la altura de semejantes espíritus, sino que les es muy superior en cuanto a fuerza. Un simple acto volitivo serio basta para hacer desaparecer sin dejar huella a un ejército entero de espíritus de esa calaña; siempre y cuando las tentaciones de éstos no tengan eco o repercusión y les ofrezcan así a ellos un asidero al que aferrarse.

Si la humanidad se esforzara por comprender y acatar las leyes primordiales puestas por el Creador, el poder de Lucifer quedaría completamente anulado. Pero con su manera de ser actual, los hombres, desgraciadamente, afianzan cada vez más su principio, y por consiguiente, la gran mayoría de ellos habrá de perderse.

Para ningún espíritu humano es posible entablar un combate con Lucifer en persona, por la simple razón de que no le es posible llegar hasta él, debido a la diferencia de especies. El espíritu humano sólo puede entrar en contacto con aquellos que han sucumbido a este falso principio, quienes, en esencia, pertenecen a su misma especie.

El origen de Lucifer implica que a él pueda acercársele y enfrentársele personalmente sólo aquel que tenga el mismo origen que él; puesto que únicamente alguien así puede llegar hasta él. Tiene que tratarse de un Enviado de Dios proveniente de lo Divino-Insustancial y lleno de la esencia de esta región, un Enviado de Dios armado de la sagrada seriedad de Su misión y lleno de confianza en el origen de toda fuerza, en Dios Padre mismo.

Esta tarea le ha sido asignada al anunciado Hijo del Hombre.

El combate es personal, cara a cara, y no meramente simbólico, como muchos investigadores deducen de las promesas. Se trata del cumplimiento de la promesa en Parsifal. Lucifer ha usado incorrectamente el poder, la «lanza sagrada», y sirviéndose de su principio, le ha abierto así una dolorosa herida a lo espiritual-sustancial en la figura de la humanidad, que es la chispa y la estribación de lo espiritual-sustancial. Esta lanza le será arrebatada en el combate. Y una vez que esté en las «manos correctas», o sea, una vez que se ponga en marcha la ejecución del verdadero principio del Grial, el principio del amor puro y severo, la lanza sanará la herida causada por ella anteriormente al hallarse en las manos equivocadas, o sea, al ser usada incorrectamente.

Por medio del principio de Lucifer, es decir, por medio del uso incorrecto del poder divino –lo que es lo mismo que decir «al estar la “lanza sagrada” en las manos equivocadas»–, a lo espiritual-sustancial se le ha hecho una herida que no se puede cerrar. Esta idea ha sido reflejada figurativamente en la leyenda con gran acierto; ya que lo que ocurre se asemeja de verdad a una herida abierta que no se cierra.

Pensemos no más en el hecho de que los espíritus humanos, en calidad de inconscientes simientes espirituales o chispas que se encuentran en el borde inferior de lo espiritual-sustancial, se escurren cual fluido en dirección a la materia o, saltando cual chispas, salvan la distancia que los separa de ella, en la expectativa de que esta parte vertida de esa forma, después de haber concluido su periplo por la materia y tras haberse desarrollado y haber despertado a la conciencia personal, regrese, en lo que sería la conclusión del ciclo, a lo espiritual-sustancial. Algo parecido a lo que sucede con la circulación de la sangre en el cuerpo físico-material. El principio de Lucifer, sin embargo, desvía una gran parte de esta corriente cíclica espiritual, con lo cual se pierde una buena parte de lo espiritual-sustancial. De ese modo, este necesario ciclo no puede cerrarse y ello redunda en algo comparable al continuo sangramiento debilitante por una herida abierta.

Ahora bien, si la «lanza sagrada» o, lo que es lo mismo, el poder divino, cae en las manos correctas, que actúan de conformidad con la voluntad del Creador y le muestran a esa corriente espiritual-sustancial, que en capacidad de factor vivificador recorre la materia, el camino correcto, camino que conduce a dicha corriente a las alturas, a su punto de partida, al luminoso reino de Dios Padre, entonces esta corriente ya no se pierde, sino que, de ese modo, fluye de vuelta a su origen como la sangre al corazón, con lo cual esa herida sangrante y debilitante de lo espiritual-sustancial queda cerrada. Es así como la sanación solo puede realizarse con la misma lanza, la cual cierra la susodicha herida.

Pero, para eso, primero hay que quitarle la lanza a Lucifer y ponerla en las manos apropiadas, lo cual ha de cumplirse con el combate personal del Hijo del Hombre con Lucifer.

Los combates que seguirán después y que se extenderán a la materia etérea y la física no son más que efectos secundarios de este gran combate, el cual ha de traer el prometido encadenamiento de Lucifer, encadenamiento que anuncia el comienzo del Reino de los Mil Años. Dicho encadenamiento representa la erradicación del principio de Lucifer.

Este principio está dirigido contra el obrar del amor divino, cuyas bendiciones les son dispensadas a los hombres en su periplo por la materia. Basta con que la humanidad comience a aspirar a este amor divino y enseguida quedará completamente inmune a toda tentación de Lucifer, y éste quedará despojado de todo espanto que el espíritu humano ha tejido en torno a su persona.

Las formas abominables y monstruosas que la gente erróneamente se empeña en atribuirle a Lucifer no son más que un producto de la abigarrada imaginación de los cerebros humanos. En realidad, debido a la simple razón de la diferencia de especies, a ningún ojo humano le ha sido posible verlo aún, como tampoco a ningún ojo espiritual, el cual, en muchas ocasiones, es capaz de ver la materia etérea del más allá sin haber abandonado aún la vida terrenal.

Contrario a todas las opiniones existentes, Lucifer puede ser calificado de soberbio y bello, de un ser poseedor de una belleza que no es de este mundo y de una sombría majestuosidad; sus grandes ojos son limpios y azules, pero atestiguan de la gélida expresión de la falta de amor. Lucifer no es un mero concepto, como la gente normalmente trata de presentarlo tras haber buscado infructuosamente otras explicaciones para su figura, sino que se trata de una persona.

La humanidad debe aprender a entender que también para ella hay, por razón de la naturaleza de su ser, un límite que jamás podrá cruzar, tampoco en el pensamiento, claro está, y que del otro lado de ese límite solo le pueden llegar mensajes por el camino de la gracia; pero no a través de médiums, que ni sirviéndose de situaciones de índole supraterrenal podrán cambiar la naturaleza de su ser, como tampoco a través de la ciencia. Después de todo, esa misma ciencia cuenta, a través de la química, con la posibilidad de descubrir que la diferencia de especies puede generar barreras insalvables. Esas leyes, empero, provienen del Origen y no es en la Creación que uno las viene a encontrar por primera vez.

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El enigma del Portador de la Luz ( 1 )

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Un velo gris envuelve todo lo que tiene que ver con Lucifer y es como si todo el mundo tuviera miedo de levantar aunque sea una esquina de este velo. Ese temor, en realidad, no es otra cosa que la incapacidad de penetrar en el reino de las tinieblas. Ahora, esa incapacidad, por su parte, reside, simplemente, en el orden natural existente, ya que aquí tampoco le es posible al espíritu humano profundizar mucho, sino que se encuentra con una barrera que está dada por su condición. Como mismo no puede llegar hasta las más altas cumbres, tampoco es posible para él penetrar hasta lo hondo de las profundidades, ni nunca lo será.

Así que como sustituto de lo que falta, la fantasía crea seres de todo tipo. La gente habla del diablo de la manera más descabellada, llamándolo ángel caído y desterrado, encarnación del principio maligno y otras cosas más. De la verdadera esencia de Lucifer la gente no sabe nada, ello pese a que el espíritu humano se ve afectado por él y, de ese modo, acaba a menudo en la vorágine de un tremendo conflicto, conflicto que puede ser calificado de lucha.

Aquellos que hablan de ángel caído, y también los que hablan de encarnación del principio maligno, son los que más se acercan a la realidad. Solo que aquí hay igualmente una falsa postura que le da una imagen falsa a todo. Las palabras «encarnación del principio maligno» nos hacen pensar en el cenit, el clímax, la encarnación viva de todo lo malo, o sea, el colofón, la culminación perfecta. Lucifer, empero, es todo lo contrario, es el origen del principio falso, es el punto de partida y la fuerza motriz. Uno no debe llamar tampoco principio maligno a ese principio que se origina en él, sino principio falso; falso queriendo decir erróneo, incorrecto. El campo de acción de este principio erróneo es la Creación material. En lo material es donde único confluyen las actuaciones de lo luminoso y de lo oscuro, o sea, los dos principios opuestos, y allí repercuten constantemente en el alma humana mientras ésta atraviesa la materia con miras a su desarrollo. Según a quién el alma humana, por deseo propio, se entregue en mayor medida, de ello dependerá si ésta habrá de subir a la Luz o hundirse en las tinieblas.

El abismo que separa a la Luz de las tinieblas es inmenso. Dicho abismo es llenado por la Creación material, la cual está sujeta a la transitoriedad de las formas, o sea, está sujeta a la desintegración de las formas existentes y a la regeneración.

Dado que, según las leyes que la voluntad de Dios Padre ha puesto en la Creación, un ciclo sólo puede considerarse como cerrado y cumplido cuando el cabo de dicho ciclo retorna al punto de partida, el periplo de un alma humana sólo puede considerarse como cumplido cuando dicha alma retorna a la esfera de lo espiritual-sustancial, que es la que más cerca se encuentra de la Luz Primordial, ya que su simiente espiritual salió de esta esfera espiritual-sustancial. Si se deja desviar hacia las tinieblas, corre entonces el peligro de ser llevado más allá del último círculo de su periplo normal y ser arrastrado hacia la oscuridad, viéndose al final imposibilitado de volver a encontrar el camino de la ascensión. Ahora, tampoco le es posible ir más allá de la oscuridad etérea más densa y más profunda y, cruzando la última frontera en sentido descendente, abandonar la materia, como sí le es posible hacer en sentido ascendente, para terminar entrando al reino de lo espiritual-sustancial, ya que éste es su punto de partida; y entonces acaba, por tanto, siendo arrastrado de manera ininterrumpida por el formidable ciclo de la Creación, el cual lo lleva hacia la desintegración, ya que esa vestidura etérea suya de índole oscura y, por ende, densa y pesada –vestidura a la que también se le llama cuerpo etéreo– lo retiene. Esta desintegración disuelve la personalidad espiritual que el espíritu en cuestión había ganado en su trayecto por la Creación, de manera que dicho espíritu sufre la muerte espiritual y es pulverizado y convertido en simiente espiritual originaria.

Lucifer en particular se encuentra fuera de la Creación material y, por tanto, no es arrastrado a la desintegración –como sí les sucede a las víctimas de su principio–; ya que él es eterno. Lucifer proviene de una región de lo divino-sustancial. El conflicto se inició tras el comienzo del surgimiento de toda la materia. Habiendo sido enviado para servirle de apoyo a lo espiritual-sustancial en la materia y para ayudarlo en su desarrollo, no cumplió esta encomienda en el sentido de la voluntad creadora de Dios Padre, sino que escogió caminos diferentes a los que esta voluntad creadora le había trazado, llevado por la volición pedante que desarrolló mientras trabajaba en la materia.

Abusando de la fuerza que le fue dada, introdujo el principio de la tentación en lugar del principio de la ayuda y apoyo, que es sinónimo de amor servicial. Amor servicial en el sentido divino, que nada tiene que ver con el servicio servil, sino que sólo tiene presente la ascensión espiritual del prójimo y, con ello, su felicidad eterna, y actúa en consecuencia.

El principio de la tentación, en cambio, es sinónimo de tender trampas, las cuales hacen que las criaturas que no son lo suficientemente fuertes tropiecen con facilidad, caigan y acaben perdiéndose, mientras que las demás, por otro lado, ganan en viveza y fuerza y, experimentando un vigoroso florecimiento, ascienden en pos de las cumbres espirituales. Todo lo endeble, empero, queda, de antemano e irremediablemente, a merced de la destrucción. Este principio no conoce ni bondad ni misericordia; está desprovisto del amor de Dios Padre y, con ello, de la más formidable fuerza pujante y el más sólido apoyo que hay.

La tentación en el paraíso que se describe en la Biblia muestra el efecto de la aplicación del principio de Lucifer, al representar cómo, a través de la tentación, se trata de poner a prueba la firmeza y la entereza de la pareja humana, a fin de empujarlos rápida y despiadadamente al camino de la destrucción ante la más mínima vacilación.

Mostrar entereza hubiera sido ajustarse gozosamente a la voluntad divina, la cual radica en las simples leyes naturales o de la Creación. Y esa voluntad, ese mandamiento divino era del perfecto conocimiento de la pareja humana. El no vacilar hubiera sido al mismo tiempo un reconocimiento y un acatamiento de dichas leyes, que es como único el hombre puede sacarles provecho debidamente y sin restricción y convertirse así en «señor de la Creación», ya que «se mueve con ellas». Todas las fuerzas le servirán cuando él no les haga oposición, y trabajarán automáticamente a su favor. En ello consiste el cumplimiento de los mandamientos del Creador, los cuales no persiguen otra cosa que el inalterable y desembarazado sostenimiento y conservación de todas las posibilidades de desarrollo que hay en Su majestuosa obra. La envergadura de este simple acatamiento no se queda ahí: el mismo constituye también una colaboración con conocimiento de causa en la sana continuación del desarrollo de la Creación o del mundo material.

Aquel que no cumpla con ello constituye un obstáculo y, o bien habrá de dejarse pulir hasta alcanzar la forma correcta, o bien irá a parar entre las ruedas del mecanismo del Universo, o sea, entre las leyes de la Creación, siendo así triturado. Aquel que no quiera doblegarse habrá de quebrarse, ya que el mecanismo no puede detenerse.

Lucifer no quiere tener la bondad de esperar el fortalecimiento y maduración graduales de la criatura, no quiere ser el amoroso jardinero que debería ser y que protege, rodriga y cuida las plantas a su cargo, sino que con él se hizo realidad la expresión: «encomendar las ovejas al lobo». Lucifer busca la aniquilación de toda debilidad y no muestra piedad alguna en la persecución de este objetivo.

Al mismo tiempo, siente desprecio por las víctimas que sucumben a sus trampas y tentaciones y abriga el deseo de que se pierdan con todas esas debilidades que muestran.

También siente repulsión por el envilecimiento y la bajeza que estas víctimas caídas ponen en los efectos de su principio; puesto que sólo los hombres convierten dichos efectos en la abominable abyección en que éstos se manifiestan y, de ese modo, incitan a Lucifer aún más a ver en ellos criaturas que solo merecen la destrucción, y no amor y cuidados.

Y no es poco lo que contribuye a la realización de dicha destrucción ese principio de apurar los goces de la vida que, como consecuencia natural, acompaña al principio de la tentación. El principio de apurar los goces de la vida se cumple en las regiones más bajas de las tinieblas, pero ya está siendo adoptado terrenalmente por diferentes practicantes del llamado psicoanálisis, en la asunción de que también en la Tierra el apurar los goces de la vida libera y madura.

CONTINUARA

 

¿Feminismo demoníaco?

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A lo largo de todos los millones de años la mujer ha sido siempre despreciada por las religiones occidentales. Todos conocemos la historia del Génesis pero, ¿nos ha llegado el mito como realmente fue escrito? Hoy me gustaría presentaros una vez mas a Lilith, la primera compañera de Adán.

“Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.” Génesis 2:22

Todos conocemos esta frase, una frase que discrimina a la mujer hasta el punto de tacharla como producto de las “sobras” de lo que es el hombre. Sin embargo, la Biblia cristiana posee una contradicción, y es que antes de la creación de Eva dice:

“Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó”.

Durante siglos se ha buscado la explicación a estas frases, se han propuesto seres andróginos y otras historias, pero si rastreamos en otras Biblias nos encontramos una cosa muy diferente. Así nos lo cuenta la versión hebrea, en la que aparece un nuevo personaje: Lilith, la primera mujer, que fue creada a la par de Adán y de la misma manera, eran seres iguales, eran pareja. ¿Qué pasó entonces con Lilith? Lilith era una mujer libre, no se sometía ante nadie. Cuando Adán y ella comenzaron a tener relaciones, Adán exigía siempre posicionarse encima, sin embargo ella no estaba a favor de esto:

“¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual”

Adán insistía en que él era superior, pues era él el que había sido creado a imagen y semejanza del creador. Entonces ella, a quien Dios le dio alas para poder hablar con ella, abandonó voluntariamente el Edén, pues no se sometía. Dice la leyenda que se fue a vivir a orillas del Mar Rojo, donde vivían ya muchos demonios, donde voluntariamente se entregó sexualmente a ellos (se ve que los demonios son menos opresores que los hijos de Dios). Cuando Dios mandó a tres ángeles a buscarla ella se negó a volver. Se dice que fue castigada por esto a contemplar como cien de sus hijos mueren cada día y la tradición judía la culpa de la muerte de los menores de 8 días, pero esta parte de la historia no nos interesa, centrémonos en su figura.

¿De donde viene esta figura de mujer insumisa que, como vemos (aunque demonizada), tiene miles de años de antigüedad? Lilith se encuentra también en la cultura mesopotámica, de la que la tradición hebrea sacó el nombre de un demonio femenino llamado Lilitu.

Como vemos, cualquier insumisión se castiga por las religiones transformándote en demonio. Puede que a algunos les haga pensar que las rebeliones son malignas, sin embargo creo que hay otra manera de verlo. Los demonios no son tan malignos como se nos muestran, sino figuras con una dignidad que les impide someterse.

Lilith fue condenada por Dios, y sin embargo, siguió siendo libre hasta el punto de convertirse en símbolo de libertad en nuestra cultura (al menos entre los que la conocen).

Ahora toca decidir: ¿Seréis como Lilith? .

 

Los guardianes del Rey Salomon.عفريت

 

 

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El ifrit o efrit es un ser de la mitología popular árabe. Generalmente se considera que es un tipo de genio dotado de gran poder y capaz de realizar tanto acciones benignas como malignas, con lo que presenta un carácter dual que no comparten los otros genios

Los Afrit son una raza de vampiros provenientes de África, emparentados lejanamente con los Djinn.

Otras variantes de su nombre son: Afreet, Afreeti, Afrite, Efreet, Efreeti, Efrit, Ifreet. Todos ellos derivan de una criatura vampírica muy popular en el mitología del desierto: los Ifrits.

La leyenda africana sostiene que cuando una persona es asesinada los Afrit rondan el lugar del crimen buscando la última gota de sangre en caer al suelo.

Teniendo en cuenta la sed proverbial de las arenas del desierto, capaz de absorber cualquier líquido en cuestión de segundos, los Afrit pueden pasar varias semanas, incluso meses y años enteros, buscando entre los granos de arena hasta hallar los restos de aquella fatídica gota de sangre.

Los Afrit, esencialmente criaturas incorpóreas, siempre logran ubicar el paradero de la gota de sangre, aún si esta solo sobrevive en dimensiones microscópicas. Sobre ella, o alrededor, poco apoco los Afrit van desarrollando consistencia, abandonando así el mundo de lo intangible para convertirse en vampiros perfectamente sólidos.

Las tradiciones africanas poseen varios remedios caseros para evitar la formación de los Afrit. El primero y más accesible es apelar a métodos menos sangrientos de asesinar a alguien, como el estrangulamiento o el envenenamiento, aunque se corra el riesgo de despertar a otras criaturas del plano astral que se alimentan de la energía segada brutalmente durante el crimen.

Una vez que el Afrit se convierte en un vampiro sólido, la forma más efectiva de deshacerse de ellos es ensartándoles una vara de hierro en el corazón.

Cuando su cuerpo físico es destruido los Afrit regresan a la vida inmaterial que flota como un espejo distorsionado sobre las arenas inmemoriales. A veces, cuando las condiciones son adecuadas, pueden adoptar provisionalmente alguna forma física, por ejemplo, aquella silueta rojiza y cornífera con la que son representados en los bestiarios medievales.

La palabra Afrit significa “nómada”, pero en un sentido terrible ya que alude a los espíritus salvajes del desierto, inconstantes y vagabundos, cuya dieta frugal se reduce a la sangre reseca de quienes caen vencidos por el calor.

Para otros, la etimología de su nombre procede del persa antiguo afritan, “crear”; es decir, el que se crea a sí mismo, como vimos antes, a partir de una gota de sangre.

En la Edad Media los Afrit poseían una influencia mayor entre los mitos musulmanes. Se creía que los Afrit eran poderosas criaturas aladas hechas de fuego, asociadas directamente con la líneas de descendencia tribales, es decir, parte inseparable de las familias más antiguas y poderosas del desierto.

Según esta tradición, existían Afrit femeninos y masculinos, creyentes o descaradamente ateos, e incluso con inclinaciones singulares por el bien o el mal. Por aquel entonces eran invulnerables a las armas pero visiblemente frágiles frente a la magia.

En el cuento de Las mil y una noches: La semilla de Iblis, se desliza la creencia de que los Afrit son incluso anteriores a la creación del hombre. Sin ir más lejos, los propios Afrit se consideran superiores al ser humano, creado con barro, mientras que ellos mismos proceden del aliento de Dios.

Las diferencias entre los Afrits y los humanos comenzaron en el paraíso. El rey de los Afrit, llamado Iblís, se rehusó a postrarse frente a Adán, a quien consideraba como un ser menor, siendo que había sido formado de barro; altanería que fue castigada duramente por el Altísimo.

El único ser humano al que los Afrit siguieron con absoluta fidelidad fue Sulaymán (Salomón), hijo del rey David, llamado también Señor de los Afrit, quien pactó con ellos un trato de obediencia y luego encerró rebeldes en jarrones de cerámica sellados con plomo.

En el Ars Goetia, por ejemplo, se explica el procedimiento para controlar y domesticar a los Afrit.

La primera mujer. Lilith la Reina de los Demonios .

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Según consta en la literatura hebrea, Lilith fue la primera esposa de Adán. En sumerio, la palabra “Lil” significa “Aire.” El término más viejo relativo a Lilith sería la palabra sumeria “Lili” (plural “Lilitu”), que parece inferir la misma definición que nuestra palabra “espíritu”. En muchas culturas antiguas, la misma palabra para “aire” o “aliento” era usada para “espirítu.”Lilith estaba hecha con arcilla, igual que él. Era hermosa y libre. Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de tí? – preguntaba – Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual”. .

Lilith no obedeció la orden de sumisión que le impusieron; pensaba que era igual a su marido, que tenía los mismo derechos que él porque habían sido creados con el mismo barro, no se sentía inferior, ni débil, ni dependiente. Era una mujer íntegra y como tal quería gozar, al igual que Adán, de la vida y de todo lo que ésta implicaba, incluidos la sexualidad y el erotismo.

Cansada de que Dios no atendiera sus reivindicaciones, decidió abandonar el Paraíso, antes que someterse y renunciar a sí misma. Invocó el Nombre de Dios, innombrable en toda la tradición judía, por considerar que el Nombre verdadero de cualquier ser contiene las características de lo nombrado, y por lo tanto es posible conocer su esencia y adquirir poder sobre ello. Pronunciar el nombre de Dios se convierte, pues, en una osadía suprema, un acto de soberbia mucho mayor que el de hacer directamente oídos sordos ante sus mandatos; algo, en fin, demasiado grave. Abandonó volando el Paraiso con unas alas que el mismo Dios la dió (de ahí su semejanza con los súcubos).

Luego tomó residencia en una cueva en las costas de Mar Rojo, donde hasta éstos dias se encuentra segun la leyenda. Ella acepta a los demonios del mundo como amantes, y desova muchos miles de niños demonio, fue llamada Madre de los Demonios, —esposa de Asmodeus, el Rey de los Demonios.

Adán, mientras tanto, halló que él lamentaba la partida de Lilith. Fué con Yahweh y expuso su caso pidiendo el retorno de Lilith. Yahweh concordó que una criatura del Edén no debería partir tan fácil del reino, y dispuso tres ángeles para recobrarla.

Éstos tres, Senoy, Sansenoy, y Semangelof, pronto encontraron a Lilith en su cueva y le exigieron su retorno con Adán por órdenes de Yahweh. Si se reusaba, le infomaron, matarían a un ciento de sus hijos demonios cada día hasta que decidiera regresar.

Lilith exclamó que incluso esta suerte era mejor que regresar al Edén y a la sumición a Adán. Tan pronto como los Ángeles cumplieron su amenaza, Lilith también hizo una terrible proclamación. En respuesta por el dolor inflingido, matería a los hijos de Adán. Juró atacar a los niños, e incluso a sus madres, durante el nacimiento. Juró también que los recién nacidos estaban en peligro de ser objeto de su ira, las niñas por veinte dias y los niños por ocho. No solo esto, sino que también atacaría a los hombres en su sueño, robándoles su sémen para dar nacimiento a más niños demonio, que reemplazarían a esos asesinados cada día.

Ante la negativa de Lilith de regresar con Adán, Dios decidió dar una nueva compañera a su creación pues proclamo que “No es bueno que el hombre esté solo”, creó a Eva a partir de una de sus costillas, y por lo tanto sumisa al hombre

Tu Demonio Interior.

 

El miedo es un rasgo normal del ser humano, y sirve para alertarnos y protegernos. En este artículo analizaremos los demonios personales que todos tememos, no como enemigos que hay que vencer, sino como aspectos de la vida que tenemos que dominar, que pueden ser dominados, con la ayuda de la sabiduría que poseemos en nuestro interior.

Nuestros demonios personales

Todos tenemos nuestros demonios personales, que están íntimamente relacionados con nuestra historia y con nuestros puntos vulnerables. Así como en la odisea de Ulises, las sirenas intentan distraernos con el poder de su atractivo, nuestros demonios personales nos alejan de nuestros recursos y de nuestros objetivos valiéndose del miedo. Pueden perseguirnos desde el pasado, tendernos una trampa en el presente o acecharnos desde el futuro.

Los demonios son reales porque nos implican realmente. Nos atrapan en medio de experiencias intensas, de sentimientos intensos y de reacciones intensas. Dado que poseemos la capacidad de recordar, podemos reproducir acontecimientos del pasado recurriendo a una amplia gama de experiencias sensoriales. De hecho, podemos volver a tener una experiencia aterradora. Dado que poseemos la capacidad de imaginación, también podemos hacer lo mismo anticipándonos a un hecho, sin importar que en la realidad se cumpla o no. De modo que es posible repetir los malos momentos o imaginar los del futuro sin que jamás sucedan en la realidad.

Tus demonios personales también influyen en las cosas que aprendes y cómo las aprendes. Es imposible no aprender de lo que te sucede. La intensidad de la alarma, el terror, la tristeza o el dolor influyen en tu manera de anticiparte a las experiencias del futuro. Las personas aprenden a esperar ciertos acontecimientos y también es probable que desarrollen estrategias para evitarlos o para lidiar con ellos.

Al final, cualesquiera que sean las circunstancias que dieron lugar a un demonio, una vez que hayas aceptado que, en realidad, has contribuido a prolongar su existencia, recuperarás ciertas opciones. Si aprendes a entender el mensaje que el demonio intenta transmitirte, en lugar de tan sólo intentar evitarlo o escapar de él, recuperarás cierta influencia sobre tí mismo y tu situación y comenzarás a descubrir nuevos caminos por donde avanzar.

Cómo los demonios te privan de tu poder

• Destruyen tu concentración. Cuando tus sentimientos son intensos, no puedes prestar toda tu atención a lo que estás haciendo. No puedes concentrarte como debieras.

• Te enfrentan contigo mismo, unas veces riñéndote por portarte como un tonto, un débil o un niño, y otras porque no puedes SER tu mismo.

• Te despojan de la seguridad que tienes intrísicamente en ti mismo, disminuyendo tu capacidad para pasar a la acción. Corres el riesgo de perder la fe en ti mismo.

• Los demonios te desequilibran. Cada vez que te sientas temeroso o agobiado te alejas de tu propia sabiduría, volviéndote más vulnerable y susceptible de ser arrastrado de un lugar a otro.

Ya sean reales o imaginarios, del pasado, del presente o del futuro, internos o externos, tus demonios pueden atraparte.  En ese sentido, todos los demonios son reales, porque sus efectos también lo son. El núcleo es el miedo, a veces miedo de la cosa, a veces miedo del propio miedo. Y cuando tenemos miedo, nos sentimos impotentes, carentes de recursos y completamente paralizados. Como si algo absorbiera nuestro poder personal y lo situase en el marco  aquello que tememos.

Sin embargo, a menudo sucede que a las personas no les aterran las criaturas ni las cosas, sino las experiencias, ya se trate de una entrevista, de un examen en la autoescuela o de hablar en público. Puede que tu terror esté relacionado con “fracasos” vividos en el pasado, o que existan a pesar de saber que en esos casos siempre te desenvuelves sin problemas.

Y, como todos sabemos, también podemos tener miedo del miedo. En ese caso, el peligro es que comenzamos a empequeñecer cada vez más nuestro modelo del mundo, en la misma medida en que intentamos evitar el malestar. “No hagas esto, no hagas lo otro, podrías encontrarte con algo o con una situación que temes”.

Somos nosotros mismos quienes renunciamos a nuestro propio poder.

En el  principio veíamos cómo nuestros demonios personales pueden bloquear nuestras aspiraciones y objetivos en la vida privándonos de nuestro poder personal. En esta parte, vamos a ver cómo podemos darles la vuelta, conocer la sabiduría que entrañan, aprender de ellos y gestionarlos eficazmente.

Para ello, podemos desarrollar un proceso muy interesante y clarificador dividido en 6 pasos

Paso 1. Reconocer qué sucede realmente.

Las personas que saben reaccionar ante cualquier emergencia suelen tener una estrategia para evitar agobiarse. No se dejan invadir por los sentimientos, no se imaginan situaciones futuras y centran en hacer lo necesario en el AHORA, en el presente. Sin embargo, puede que en otras circunstancias tengan muchos sentimientos e imaginación. ¿Cómo lo hacen? No convierten la situación en lo que no es. No pretenden minimizarla ni racionalizarla de ninguna manera, y tampoco se permiten dramatizarla ni exagerarla.

Paso 2. Cambiar de estado.

Si sientes pánico, si te colapsas o te dejas dominar por las emociones, recuerda que no te puedes dar el lujo de no reaccionar. Utiliza la adrenalina para darte un momento a ti mismo y percibir la intensidad real de tus emociones. Ésa es la necesidad de comunicación que tiene tu interior en ese preciso momento.

Conectar así es de hecho, una manera de comenzar a cambiar tu estado, puesto que hasta la propia intensidad de la concentración que pones en los sentimientos desagradables activa una concentración interna y, por lo mismo, comienza a modificarse el patrón de tus ondas cerebrales.

Para comenzar a cambiar de estado, puedes hacer lo siguiente:

-Podrías apretar los puños y percibir la tensión real de los músculos. A medida que los relajas, te percatarás de cómo afecta a tu antebrazo y al resto del brazo.

-Respira hondo unas cuantas veces alzando las costillas y deja escapar el aire cada vez lo más lentamente posible. Descubrirás que esto facilita una respiración aún más profunda la siguiente vez.

-Imagínate que eres un colaborador externo en tu propia situación. Estás preocupado, pero no estás emocionalmente implicado. ¿Qué te parece la situación? ¿Te pone a prueba? ¿Es peligrosa? ¿Alarmante? ¿Incierta? ¿Amenazante, pero sin que sea una amenaza vital? Incluso cuando se trata de una situación de vida o muerte, como en el caso de un accidente grave o de una enfermedad, el que presta ayuda externa intenta identificar las prioridades inmediatas. Puedes conseguirlo, aun cuando la persona de cuyo drama es testigo seas tu mismo. Es una manera creativa y útil de controlar el poder inherente en la situación, porque la adrenalina que has generado mediante tu alarma ahora puede procurarte la energía que necesitas para pensar con claridad y tomar las medidas necesarias.

Paso 3. Buscar el valor de la señal del demonio.

Reflexiona sobre el significado especial que tienen esos demonios personales para tí. ¿Por qué un temor específico se vuelve recurrente en tu vida? ¿Por qué éste?

Paso 4. Mantener contacto con un sentido de la realidad

Los demonios personales viven en la exageración. Por lo tanto, es muy conveniente minimizarlos. Una de las maneras de conseguirlo es utilizar la imaginación de la que se alimentan para quitarles su poder.

He aquí una pregunta secuencial que puedes realizarte ante una situación que puedas catalogar como pésima:

¿Qué es lo peor que puede suceder?

Y…¿Qué es lo peor que puede suceder?

Y… ¿Qué es lo peor que puede suceder?

y… ¿Qué es lo peor que puede suceder?

¿ y lo peor que puede suceder?

Sigue preguntándote hasta llegado el momento de plantearte esta pregunta anclada en la realidad.

¿Cuán probable es todo eso?

Por lo general bastará con aumentar la escala de tus temores, para hacer explotar al demonio personal. Llega un momento en que, al igual que un globo demasiado hinchado sencillamente explota porque es incapaz de contener más. Sin embargo, si hay un verdadero peligro oculto entre los temores de la fantasía, el proceso te ayudará a analizarlo y sabrás de qué se trata.

Paso 5. Abordar los aspectos específicos.

Independientemente de que el núcleo inherente de tu demonio personal sea un trauma del pasado, un peligro presente o un temor futuro, reconocerlo e identificarlo desde una posición de neutralidad activa te permitirá saber cómo tienes que proceder. En algunos casos, puede que decidas buscar la ayuda de un terapeuta, un coach o un entrenador. La pregunta clave que debes formularte en esta etapa del proceso es ¿Y ahora, qué?.

Sí, hay una dificultad. ¿Qué acción emprenderás? En cuanto te responsabilices de tu demonio de esta manera, recuperarás el poder que le habías otorgado.

Paso 6. Volver a la realidad.

Tu demonio personal puede ser el miedo o alguna emoción desestabilizadora, llámese rabia, remordimiento, odio, envidia celos; pero el proceso será siempre el mismo. Y, en todos los casos, el objetivo será recuperar el sentido de realidad, contigo mismo y con las circunstancias externas. Sólo entonces podrás recuperar tu dominio personal y elegir el camino adecuado.

¿Cómo puedes buscar el sentido de la realidad? Te sugiero que tomes en consideración estas tres premisas:

Encuentra una manera de estar en paz con las experiencias del pasado que no se pueden cambiar, como aquellas que te han hecho sentir rabia, culpa, vergüenza o remordimiento. Los demonios personales del pasado pueden convertirte en rehén del presente e impedirte avanzar con libertad hacia el futuro. Sin embargo, hay que respetar las emociones generadas por los acontecimientos del pasado, porque en su momento fueron respuestas significativas. Muchas personas se aferran a la rabia de hechos del pasado, se culpan a sí mismas o a otros de incompetencias en el pasado o sienten remordimiento o vergüenza por no haber actuado de manera distinta. En realidad, no se pueden modificar los hechos del pasado, al contrario de lo que sucede con nuestros sentimientos y el significado que les atribuimos, que sí pueden cambiarse. El proceso tripartito de reconocimiento, aceptación y acción también funciona en estos casos.

Fortalece tus bases. Una de las paradojas del trabajo con los demonios personales es que cuanto más los abordemos, menor será su poder para perjudicarnos o incluso para atemorizarnos. Los demonios pueden ser otras personas o nuestros propios impulsos, pensamientos y esquemas, traumas del pasado o temores del futuro, y cuanto más trabajemos con ellos, más aumentará nuestro poder. Como descubrió Frodo con el atormentado Gollum en El señor de los anillos,  un primer paso importante es suponer que nadie ni ninguna situación es total, absoluta e incuestionablemente mala.

Esto no significa que tengamos que comprometer nuestras creencias ni nuestras normas. No tienen por qué gustarnos los otros ni tenemos que perdonarles sus actos, pero podemos llegar a entender qué sucede. Y eso puede restablecer el sentido de nuestra propia valía y nuestro sentido de realidad. También crea un tipo de relación de poder muy diferente con ellos.

Reconstruye tu integridad. Lo que estás haciendo es reconstruir tu sentido de la plenitud y de la fidelidad a ti mismo. Cuando te enfrentas al temor y decides seguir de todas maneras, te estás permitiendo vivir experiencias muy diferentes, pero sin verte obligado a escoger entre ellas. Cuando asumes compromisos a partir de este sentido de la realidad personal, cualquier concesión que hagas será deliberada y voluntaria, y no accidental e involuntaria o por influencia de terceras personas.

Fuente :http://institutoaprendizaje.com/como-enfrentarte-a-tus-demonios-personales