Un manantial de energia, la ermita de San Frutos.

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El Hombre, ese ser que se cree que ha nacido con el fin exclusivo de dominar el mundo con una mentalidad antropocéntrica que le lleva a rozar el egocentrismo en todas sus acciones, se hace pequeño en innumerables lugares. En estos lugares, dotados de poderosa magnificencia, la Naturaleza se cobra su venganza, pues siempre ha sido, es y será la capitana y la dirigente de nuestro destino, obligando al ser humano a agachar esa cabeza y a sentir las órdenes de la Naturaleza. Por mucho que el Hombre quiera cortar las flores, nunca podrá detener a la Primavera
El ser humano, asimismo, ha querido dejar marcado desde tiempos inmemoriales aquellos lugares donde se ha sentido pequeño por una fuerza proveniente de la Naturaleza y que nunca ha podido comprender por muchos esfuerzos que intente éste por contactar con aquello que se escapa a su finita razón, los conocidos como lugares de poder. Y uno de estos enclaves donde el ser humano acudía para conseguir esa sensación de tranquilidad y trascendencia así como de querer comunicarse con esa esencia que guarda la Madre Tierra, es la ermita de San Frutos, que yace suntuosa en uno de los salientes de uno de los más bellos parajes que nos ha dado la Creación para nuestro disfrute como son las Hoces del Duratón, en la provincia de Segovia.

San Frutos y la Ermita

La ermita, que en realidad es un priorato, es atribuida a San Frutos en una mezcla entre mito hagiográfico y realidad histórica. San Frutos fue un eremita posteriormente canonizado que nació en la ciudad de Segovia y falleció en esta construcción a orillas del río Duratón, perteneciente a la localidad de Carrascal del Río, en el año 715.

Nacido en el seno de una adinerada familia goda, era el mayor de tres hermanos, siendo sus hermanos menores San Valentín y Santa Engracia. A la muerte de sus padres, Frutos tuvo la idea de dejarlo todo para retirarse a la vida contemplativa, siendo también secundada por sus hermanos. Tras distribuir todas sus posesiones entre los pobres y quedarse con lo estrictamente necesario, se fueron a realizar vida eremítica en los páramos del río Duratón. Eran muy queridos en la zona por el hecho de haber repartido sus pertenencias entre los más necesitados, siendo incluso venerados en vida en territorios cercanos como Sepúlveda, pero sobre todo a Frutos, pues él fue el principal artífice de esta nueva condición de los tres hermanos.

En un primer momento los tres hermanos habitaron en las cuevas cercanas, pero gracias al apoyo recibido decidieron construir la ermita que hoy recibe su nombre. Cuando en el 715 muere Frutos, éste es enterrado en dicha ermita. Sus dos hermanos deciden trasladarse a la ermita de San Zoilo, en la cercana Caballar, donde serán hechos mártires tras ser decapitados por los sarracenos y haber tirado sus cabezas a una fuente que posteriormente será considerada como Fuente Santa y donde se celebrará la tradición de las “mojadas”.

Al ser recuperado sus cuerpos, fueron trasladados y enterrados en la ermita de San Frutos junto a su hermano mayor. Los restos de San Frutos y sus reliquias fueron llevadas a la catedral de Segovia, donde hoy se encuentran. En la ermita de este santo, hoy en día, que una especie de panteón llamado “Tumba de los Santos” donde se encuentran las sepulturas vacías de éstos.

Entramos al lugar

Tras contemplar los bellos paisajes que guardan las Hoces del Duratón y de escuchar los graznidos de los imponentes buitres leonados que sobrevuelan la zona como advirtiéndonos de que ese territorio solamente pertenece a ellos, nos decidimos a entrar y a conocer el priorato de San Frutos por dentro.

La realidad histórica cuenta que el priorato fue mandado construir por los benedictinos sobre un conjunto visigodo que anteriormente ocupó un recinto para el culto de dioses romanos que a su vez sustituyeron a los cultos célticos instaurados en la zona, corriendo a cargo del maestro Michel. En 1076, el rey de Castilla Alfonso VI dona el conjunto románico a los monjes de Santo Domingo de Silos, que ocuparán el lugar hasta 1835.

Nada más entrar nos encontramos con la famosa “Cuchillada”, una grieta que existe en el saliente donde se encuentra antes del acceso al conjunto románico y que es salvada gracias a la existencia de un puente de piedra.

Según la leyenda, esta grieta fue provocada por San Frutos al dar un golpe en el suelo tras ver que unos fugitivos cristianos estaban siendo perseguidos por los sarracenos que recientemente habían llegado a aquella zona para ocuparla. De este modo conseguía que los cristianos se refugiaran en la ermita junto al santo sin poder ser nunca alcanzados por los musulmanes gracias al agujero que los separaba.

Al pasar el puente de la Cuchillada nos topamos con una enorme cruz hecha de hierro que conmemora la gran peregrinación realizada al lugar en 1900 patrocinada por el obispo de Segovia Quesada. En esta cruz aparecen las siete llaves de Sepúlveda, símbolo de este pueblo.

En la entrada existe una necrópolis realizada en piedra. En el cristianismo primitivo era habitual enterrar a los fallecidos en una zona unida a la iglesia, normalmente donde se encuentra el ábside o la cabecera de la iglesia. Están orientadas al oeste de la forma que el Sol alumbre en su puesta a la cabeza del difunto.

En el momento de visitar las ruinas que quedan del interior del conjunto románico y al observar desde una mirilla el interior de la ermita reconstruida, vemos que en el muro existe una inscripción en la que se hace referencia a un milagro atribuido a San Frutos en la que una mujer fue arrojada desde lo alto de una Hoz del Duratón por su marido y que se salvó de una muerte segura tras ser despeñada gracias a invocar al santo. La inscripción aparente reza de la siguiente forma: “AQUI YACE SEPULTADA UNA MUGER DE SU MARIDO DESPEÑADA I NO MORIO I HIZO A ESTA CASA LYMOSNA DE SUS BIENES”.

Guarda la estética de la oscuridad controlada, como si fuera la ermita de San Frutos una caverna sagrada. En ella solamente existen cuatro ventanales los cuales son el único foco de iluminación solar del interior. Tres de ellos son ventanucos situados en el ábside por los que entra la luz del sol creando un espacio sagrado en el momento de la salida del Sol desde Oriente; tres luces que representan a los tres santos: Frutos, Engracia y Valentín.

En los capiteles y en los muros, además de aparecer el escudo del priorato, existen símbolos que nada más podrían ser interpretados por iniciados, pues su significación hermética muestra un mensaje solamente al alcance de unos pocos elegidos. En la entrada de la ermita reconstruida se puede observar el pozo sagrado el cual recuerda al visitante que estamos ante un lugar donde el Hombre busca la trascendencia.

Al fondo de las ruinas y llegando al borde del precipicio del cañón, se encuentra la ya citada “Tumba de los Santos” donde en un pasado no muy lejano estuvieron los cuerpos de los tres santos. Junto a ese humilladero hay un cementerio en el que yacen enterrados unas pocas personas procedentes de Carrascal del Río, pueblo al que pertenece el conjunto que estamos visitando.

Tras visitar tanto la situación y el emplazamiento como la estructura y su construcción me atrevo a decir que el priorato de San Frutos no se encuentra enclavado así porque sí.

Fue levantado por los benedictinos, orden religiosa que, en medio del caos que supusieron los primeros años de la Edad Media lleno de constantes guerras y tercos señores feudales, tuvieron el valor de interesarse por el conocimiento que existía en aquella época. Y para aglutinar mayores saberes recurrieron a un acercamiento con los musulmanes con los que jugaban una doble cara: mientras declaraban cruzadas contra el islam, mantenían contactos con el pueblo que recogía el saber de la época, ya que los musulmanes habían estudiado las corrientes filosóficas grecorromanas y todo lo relacionado con Oriente. Ésta es la causa por la cual los benedictinos se interesaron por expandirse por España, tierra musulmana, y su especial propaganda del camino de Santiago, que les permitía entrar con mayor ahínco a la cultura oriental. Los benedictinos cederán la antorcha del conocimiento más tarde a San Bernardo, que a su vez creará el germen de la Orden del Temple.

Juan García Atienza en su libro “Guía de los Recintos Sagrados Españoles”,cuya portada es una imagen de la ermita de San Frutos (dicho sea de paso), va más allá diciendo que San Frutos se encuentra en un lugar convertido en una imagen y símbolo de lo celeste, cuyo habitáculo tiene todas las características que la Gran Tradición da a un recinto sagrado: un monte con una cueva sobre una isla. El monte lo configura el entrante cortado casi a pico sobre un río que hace de mar, pues se convierte en isla gracias a la Cuchillada de San Frutos; las cuevas eremíticas completan el panorama simbólico, tomando de la misma naturaleza su esencia y dejando que el iniciado transforme la obra emprendida.

Lo que quiere decir García Atienza es que el lugar responde a la creación de un recinto con una intencionalidad iniciática transmitida por los maestros constructores, similar a la relación existente en la parisina catedral de Notre Dame, situada en la isla de la Cité y donde el río Sena actuaría de mar. También la isla suele ser interpretada como una Barca navegando en medio de ese agua, con clara relación a la diosa del culto pagano a Isis. Se sabe que el último reducto de culto a Isis en Egipto fue en la isla de File, un islote situado en mitad del río Nilo, donde se cuenta que los Templarios se asentaron. ¡Y la ermita de San Frutos también fue un lugar donde se realizaron cultos paganos célticos antes de ser romanizado y cristianizado el lugar!

Estamos, sin duda alguna, ante un verdadero lugar de poder, donde han influido los sentimientos implantados por el magnífico entorno que hace a la persona convivir directamente con la esencia de la Naturaleza y por el existente deseo de distintos pueblos a lo largo de la Historia de querer situar su lugar de culto en este preciso lugar concreto, con unos intereses que, todavía, están por descubrir.

3 Comentarios

  1. Muy Interesante.
    Desde lo más antigüo, lo que está datado es la civilización egipcia toda construcción se hacía por algún interés, normalmente de poder y religión, religión y poder…
    Tú artículo va más allá, y es que el lugar también es muy importante y la naturaleza que lo rodea.
    Yo me quedo con lo de la naturaleza que la rodea, pues la naturaleza, para mí es la que más poder e importancia tiene, en el caso de Egipto y Nilo , crecidas del Nilo o no, luego actualmente en el siglo XIX con la presa Nasser estaría más controladas.
    Pero lo importante es primero la naturaleza y luego lo demás, pues nosotros y todo ser viviente somos naturaleza.
    Gracias por tú artículo.
    Saludos.
    María.

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    1. Cierto, el lugar es importantísimo , gran parte de la magia se corresponde con la ubicación y las hoces y del Duraton es uno de ellos , junto con otro sitio mágico que no está muy lejos como es la ermita del Cañón Del Río Lobo.
      Muy recomendable su visita si no se conocen . Muchas gracias María , encantado de volver a ver tus letras .

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