El sexo biblico.

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A contracorriente de las posiciones conservadoras, el libro de los libros contiene pasajes que, por decir lo menos, están abiertos a interpretaciones audaces que poco o nada tienen que ver con las homilías dominicales.

El poema describe a dos jóvenes amantes atormentados por el deseo. La obsesión es mutua, carnal, completa. El hombre recorre los ojos de su amante, el cabello, sus dientes, los labios, las sienes, el cuello y los senos, hasta llegar “al monte de mirra”. Hace una rapsodia. “Toda tú eres hermosa, mi amor”, dice. “No hay en ti defecto alguno”.
La joven responde a la lujuria con lujuria.

Mi amado metió su mano al agujero”, exclama ella, “y mis entrañas se quejaron a causa de él”.

Esta oda a la consumación sexual se puede encontrar en la Biblia.

Es el Cantar de los cantares, un poema cuyos orígenes se remontan probablemente a las canciones de amor paganas de Egipto, es decir, a más de mil 200 años antes del nacimiento de Jesús. Los intérpretes bíblicos se han esforzado a través de los milenios para atemperar su calor con el argumento de que significa más de lo que parece significar. Habla del amor de Dios por Israel, han dicho, o bien, del amor de Jesús por la iglesia. Pero independientemente de las interpretaciones, la canción en sí misma es una antigua pieza de literatura erótica, una celebración de la satisfacción del deseo sexual.

Inspiración divina.

¿Qué dice la Biblia realmente sobre el sexo? Dos nuevos libros escritos por académicos universitarios para un público popular intentan responder a esta pregunta. Enfurecidos por el predominio en la esfera pública de los cristianos conservadores que insisten en que la Biblia apoya indiscutiblemente el sexo dentro de los límites del “matrimonio tradicional”, los autores se esfuerzan por demostrar lo contrario. Jennifer Wright Knust y Michael Coogan excavan en la Biblia para desenterrar las narraciones más inexplicables del sexo –Jefté, que sacrifica su hija virgen a Dios; Noemí y Ruth, que juran amarse una a la otra hasta la muerte—, para mostrar que las enseñanzas de la Biblia sobre el sexo no son tan coherentes como la derecha religiosa quiere hacer creer. En la lectura de Knust, el Cantar de los cantares es un himno al sexo fuera del matrimonio, de las convenciones de la familia y de la comunidad. “Estoy cansado”, escribe Knust en protección Unprotected Texts: The Bible’s Surprising Contradictions About Sex and Desire, “de soportar a aquellos que suponen que la Biblia se reduce a sus historias y a la enseñanza de preceptos”.
Los críticos conservadores dicen que la coherencia es precisamente lo que la Biblia ofrece en el tema del sexo. Mediante la lectura en el contexto de la tradición cristiana, y con la conciencia de que el texto está “divinamente inspirado”, un creyente puede llegar a una sola conclusión en los asuntos de sexo y matrimonio. “La intimidad sexual fuera de un compromiso público de por vida entre un hombre y una mujer no está en concordancia con la creación de Dios o la redención de los propósitos”, explica Richard Mouw, presidente del Seminario Teológico Fuller de Pasadena, California. Los liberales pueden desear que la Biblia fuera más permisiva en lo que corresponde al sexo, aducen los eruditos conservadores religiosos, pero no lo es.

Muerte a las adúlteras.

Estas batallas por la interpretación “correcta” son, por supuesto, tan antiguas como la Biblia misma. En las guerras de la cultura de hoy, la Biblia –específicamente el argumento de “un hombre, una mujer” del Libro del Génesis— es empleada por la derecha cristiana para oponerse al matrimonio gay. Esta lucha, así como aquellas sobre la eficacia de educación en la abstinencia de las escuelas y sobre la denominación del papel apropiado de las mujeres en los roles de liderazgo de la iglesia—, han llevado a muchos estadounidenses (dos tercios de quienes rara vez leen la Biblia) a creer que el Libro de Dios no habla para ellos. Knust, profesora de religión en la Universidad de Boston, también es una ministra ordenada en la denominación Bautista Americana. Coogan, director de publicaciones en el Museo Semítico de la Universidad de Harvard, alguna vez se formó como sacerdote jesuita. Con sus libros esperan despojar al ala derecha religiosa la polémica del sexo en la Biblia. “La Biblia no tiene por qué ser un invasora y conquistar cuerpos y voluntades con sus pronunciamientos y exigencias”, escribe Knust. “También puede ser una pareja en el complicado baile de averiguar lo que significa vivir en cuerpos que están llenos de nostalgia”. Aquí, un resumen de los argumentos:
En la Biblia, el “matrimonio tradicional” no existe. Abraham procrea hijos con Sara y su sirvienta Agar. Jacobo se casa con Raquel y con la hermana de ésta, Leah, así como con sus sirvientas Bilha y Zilpa. Jesús fue célibe, como Pablo.
Los maridos, en esencia, eran dueños de sus esposas, y los padres eran propietarios de sus hijas. La virginidad de una muchacha estaba bajo la protección de su padre y la joven debía renunciar a cualquier capricho. Así, Lot ofrece sus dos hijas vírgenes a la turba enfurecida que rodea su casa en Sodoma. El Deuteronomio propone la muerte para las adúlteras, y Pablo sugiere que “las mujeres deben callar en las iglesias” (una razón entre algunas denominaciones conservadoras para que prohíban a las mujeres en el púlpito).
La Biblia contiene un “sesgo patriarcal dominante”, señala Coogan. Es mejor eludir los detalles y leer la Biblia por sus enseñanzas sobre el amor, la compasión y el perdón. Tomada en su conjunto, “la Biblia se puede entender como el registro del inicio de un movimiento continuo hacia la meta de la plena libertad e igualdad para todas las personas”.

Hay que saber buscar.

Aquellos que siguen el debate del matrimonio gay están familiarizados con algunos pasajes de la Escritura. Dos versos del Levítico describen a las relaciones sexuales entre hombres como “una abominación” (en la traducción del rey Jaime). Otro, de Romanos, condena a los hombres que están “inflamados en la lujuria por otro”. Pero como Coogan ironiza, “hay sexo en la Biblia en cada una de sus páginas, si uno sabe dónde buscar”. Una comprensión total de las enseñanzas bíblicas sobre el sexo requiere de un ojo entrenado.
Cuando los autores bíblicos querían hablar de los genitales a veces se referían a “las manos”, como en el Cantar de los cantares, y en ocasiones a los pies. Coogan cita un pasaje en el que nace un bebé “entre los pies de la madre”, y otro en el que el profeta Isaías promete que un Dios punitivo rasurará el pelo de las cabezas de los israelitas, de la barbilla y de los “pies”. Cuando, en el Antiguo Testamento, Ruth se unge y se acuesta en la oscuridad al lado de Boaz –el hombre que ella espera que la despose— “ella se descubre los pies”. Boaz, sorprendido, despierta. “¿Quién eres?”, pregunta. Ruth se identifica y pasa la noche “a sus pies”.
A partir de esta premisa, Coogan plantea un movimiento exegético. Cuando él está enseñando a los estudiantes universitarios, dice, alguien inevitablemente pregunta sobre la escena en Lucas, en el que una mujer besa y lava los pies de Jesús, y después los seca con sus cabellos. ¿A qué “pies” se refiere? “Como elaboraciones modernas y antiguas sugieren”, Coogan señala, “las insinuaciones sexuales pueden estar presentes”. Los estudiosos coinciden en que, en este caso, un pie era probablemente sólo un pie.

Prohibiciones y permisiones.

La Biblia es severa y crítica en el tema del sexo. Se prohíbe la prostitución, el adulterio, las relaciones sexuales premaritales para las mujeres y la homosexualidad. Pero las excepciones existen en todos los casos, afirma Knust. Tamara, una viuda sin hijos, se hace pasar por una prostituta y seduce a su propio suegro a que “venga” a ella. Su deseo de mejorar su esterilidad triunfa sobre la prohibición a la prostitución. Knust también argumenta –provocadoramente— que el rey David “disfrutaba la satisfacción sexual” con su alma gemela, Jonathan. “Tu amor para mí fue maravilloso”, se lamenta David en la muerte de Jonathan, “por encima del amor de las mujeres”.
El divorcio es permitido en el Antiguo Testamento, aunque está prohibido en los Evangelios. Jesús no lo aprobaba, eso está claro. “El que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio contra ella, y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”, reza el Evangelio de Marcos. Pero en Mateo, Jesús suaviza su posición un poco y deja un resquicio para los maridos de las esposas infieles. “Cuando se trata de sexo, la Biblia a menudo se contradice”, escribe Knust.

Interpretaciones a menudo erróneas.

La historia de Sodoma y Gomorra es, como todo el mundo sabe, la del juicio de Dios contra la homosexualidad, la promiscuidad y otro tipo de relaciones sexuales ilícitas. Excepto, Knust sostiene, que no lo es. Es una historia sobre el peligro de tener relaciones sexuales con los ángeles. En el mundo bíblico, la gente creía en los ángeles, y les temía, ya que tener sexo con los ángeles llevaba inevitablemente a la muerte y a la destrucción. En la historia de Noé, Dios envía el diluvio para exterminar a la progenie de “las hijas del hombre” (mujer humana) y “los hijos de Dios” (los ángeles, en algunas interpretaciones). Los textos judíos no canónicos hablan de ángeles, llamados Vigilantes, que descienden a la tierra y embarazan a las mujeres humanas, quienes producen niños monstruosos, incitando así la terrible venganza de Dios. Éste arrasa Sodoma no porque sus habitantes hombres tienen relaciones sexuales con otros hombres, como muchos ministros contemporáneos predican, Knust explica, sino en parte porque los hombres de la ciudad intentan violar a los ángeles de Dios que se han refugiado en la casa de Lot. Y cuando el apóstol Pablo dice a las mujeres que cubran su cabeza en la iglesia, es una advertencia contra la incitación a la lujuria angelical: “Los ángeles podían estar vigilando”, escribe Knust.

Coogan y Knust son los primeros estudiosos en ofrecer lecturas alternativas de las enseñanzas del sexo en la Biblia. Con títulos provocativos y el apoyo de editoriales importantes, obviamente esperan vender muchos libros. Sin embargo, su objetivo principal es luchar contra las interpretaciones “oficiales”. Knust, que se crió en un hogar conservador cristiano, recuerda con intensidad la lectura de la Biblia en el sofá con su madre, y –con una mezcla de fe y escepticismo— habla en voz alta sobre lo que puede provocar. Con su libro, ella anima a los lectores a hacer lo mismo.
Una persona sola en el sofá con las Escrituras también puede llegar a algunas conclusiones peligrosas: la Biblia, en determinados momentos de la historia, contiene pasajes que apoyan la esclavitud, el maltrato a la esposa, el secuestro, el abuso infantil, el racismo y la poligamia. Es por eso que Albert Mohler, presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur, concluye que la lectura de la Biblia debe ser supervisada por autoridades competentes. El hecho de que todo el mundo debe leer la Biblia “no significa que todo el mundo está igual de calificado para leerla, y eso no significa que el texto sólo debe ser utilizado como un espejo de nosotros mismos”, aduce. “Todas las clases de herejías provienen de personas que leen la Biblia y temerariamente creen que la han entendido bien”. Como la palabra de Dios, añade, la Biblia no está abierta al mismo nivel de interpretación de La Odisea o La Ilíada.

5 Comentarios

  1. excelente texto, lo disfruté de inicio a fin!! y buen tema, eterno, diría yo. y eso de las interpretaciones de Cantar de los Cantares , verdad que no tiene ni pies ni cabeza, nunca me convencieron por más que presté atención a estas interpretaciones.

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