Hecate La Diosa Bruja de los tres rostros

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Quizá solamente el pentagrama es un símbolo más ubicuo que Hécate, la diosa triple, en la cultura neopagana. Y es que sus características mágicas y oscuras son poco menos que cautivadoras. Pero es una de esas divinidades de quien los antiguos tenían varias historias en conflicto. En la imaginación moderna es ya la diosa de los fantasmas y las brujas, la reina de los muertos, y se le asocia con las intersecciones sagradas, los portales, los perros, la luna y la brujería. Recordemos que en Macbeth, de Shakespeare, aparece como la autoridad de las tres brujas y demanda saber por qué ha sido excluida de las sesiones con Macbeth. Pero antes de ser esto era una trinidad (del cielo, el mar y la tierra) cuyo poder argumentalmente excedía al de Zeus (cfr. Teogonía, Hesíodo).

Al parecer Sófocles fue el primero que habló de Hécate como un psicopompo y dijo que “habita las intersecciones sagradas”. A partir de allí, como si la diosa fuera un imán para las alianzas sombrías, se le añadieron toda suerte de características mágicas-infernales. Después de todo, si su poder excedía el de Zeus y habitaba simultáneamente tres reinos, cualquier cosa que se le asociara adquiría, de entrada, un poder extraordinario. Ya en el siglo III Teócrito y Apolonio de Rodas la relacionan con la brujería (maligna), y es frecuentemente invocada en las historias de la infame Medea. Pero Apolonio escribe el primer escalofriante recuento de la epifanía de la diosa:

Y cuando la llamó retrocedió… la diosa temida, desde las profundidades atendió al sacrificio del hijo de Aesón, y alrededor de ella horribles serpientes se enredaban entre las ramas de roble, y había el brillo de incontables antorchas, y los perros del infierno agudamente aullaban a su alrededor. Todas las lomas temblaban a su paso, y las ninfas que acechan las ciénagas y el río chillaban

Esta conexión con el mundo de los muertos se estableció aún con más fuerza cuando Virgilio compuso la Eneida. En el libro 6 describe la visita del héroe al Inframundo. Allí, el protagonista es advertido de las muchas torturas que viven las almas de los muertos inmorales e impíos, todo bajo la mirada vigilante de Hécate.

Desde luego, todas las alucinantes descripciones de Hécate que fueron surgiendo en la literatura hicieron salivar a varios artistas, quienes no se resistieron a representarla, grandiosa y terrible, junto con todos sus símbolos paganos. Parecido, quizás, a lo que sucedió con “El paraíso perdido” de Milton, en que Satán fue decenas de veces más representado en la pintura que el propio Dios, debido a que las descripciones sobre la oscuridad fueron infinitamente más seductoras que aquellas sobre los ángeles y la luz.

Hoy Hécate es también la luna. La diosa triple: cielo, tierra, infierno; nacimiento, madurez y muerte. Es llamada Lucina, Diana o Proserpina. Pero sobre todo es la diosa de las brujas que habita en el cruce de caminos y que se acompaña de antorchas, perros del infierno y “hace temblar a las montañas”. Hécate está hecha de literatura, y en la imaginación moderna neopagana todas las criaturas de la oscuridad están bajo su triple sombra.

A lo largo del tiempo Hécate se convirtió en la reina de las asociaciones mágicas-infernales, y hoy es uno de los símbolos más poderosos y encantadores de la cultura neopagana.

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