El Karma . ¿ Es transferible ?

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La mayoría de las personas tiende a incluir en el término karma casi cualquier cosa que no pueden definir con alguna otra palabra. Muchos consideran que la ley del karma funciona en el universo sólo para causar sufrimiento y dolor, y casi lo equiparan con el concepto de un Dios celoso representado en muchas de las antiguas escrituras sagradas.
El concepto de que Dios exige al hombre que siga determinada conducta prometiéndole a cambio ciertas recompensas, es una creencia primitiva que ha sido infundida en la mente de casi toda la humanidad, sin importar cual sea la filosofía básica en otros aspectos  También encontramos un ejemplo de esta manera de pensar en la conducta infantil.
Algunos niños viven con la impresión de que el mundo de los adultos está en contra suya, que constantemente tienen que soportar las exigencias u obedecer las instrucciones de algún adulto —un padre, un maestro, un pariente, un policía o alguna otra autoridad— lo cual les hace creer que esas personas actúan con el único motivo de hacerles la vida desdichada.
Al niño se le dice constantemente que debe de comportarse de tal o cual manera, que tiene que hacer determinadas cosas y abstenerse de hacer otras. Hasta cierto punto, el niño se pasa la vida analizando su conducta para determinar si acaso se habrá metido en dificultades por haber desobedecido alguna orden y por ello será castigado; peor aún, con frecuencia vive preocupado pensando si habrá entendido bien las instrucciones que se le dieron.
El hecho de que el concepto del karma esté incorporado al concepto de Dios es un vestigio de creencias anteriores. La idea de que el único objetivo del karma es causarnos sufrimiento si nos apartamos de determinada conducta y de ciertas creencias intolerantes, es lo que ha impedido al hombre progresar. El debería dirigir su atención hacia las fuerzas constructivas, en lugar de pasarse la vida pensando en la forma como puede evitar el sufrimento que le acarreará haber cometido un acto erróneo.
A no dudarlo, la ley del karma es, hasta cierto grado, un medio para disciplinar al hombre: de acuerdo con las creencias más idealistas y filosóficas, le permite tomar sus propias decisiones, gozar de libre albedrío. Cuando el hombre toma decisiones pone en funcionamiento ciertas leyes, crea ciertas condiciones con las cuales tiene que vivir.
Para explicarlo de una manera más simple, repetiremos un ejemplo que hemos usado muchas veces: la ley del karma es, en efecto, cosechar lo que hemos sembrado, recibir los resultados de nuestras decisiones o de nuestros actos. Es un enunciado de la ley de dar para recibir: si ponemos el dedo en una llama, éste se quemará; sea que lo hayamos colocado voluntaria o involuntariamente, no nos libraremos de sufrir las consecuencias.

Si un objeto muy pesado, como por ejemplo, un automóvil, es colocado sin frenos en una pendiente, la ley de la gravedad hará que se deslice hacia abajo: si la pendiente es muy inclinada la velocidad aumentará y, debido al funcionamiento de la ley, es inevitable que choque con cualquier objeto que encuentre en su camino.
Ahora bien, si yo estuviera parado en la pendiente y el automóvil sin frenos se dirigiera hacia mí, si no me aparto rápidamente me golpeará y posiblemente me lesionará. Sin embargo, no podría decir que la ley de la gravedad funcionó para causarme dolor y sufrimiento: simplemente, yo estaba colocado en un sitio donde esa ley entró en acción tal como debe funcionar y, por encontrarme en la trayectoria de su manifestación, sufrí las consecuencias.
Lo mismo ocurre si comparamos el funcionamiento de la ley de la gravedad con el de la ley del karma, pues toda la vida estamos colocados en situaciones donde esa ley nos afecta: no podemos evadirla, por así decirlo. Si te digo a alguien una mentira, algún día ocurrirán ciertas circunstancias que la renovarán en la conciencia de esa persona y en la mía. Ambos estaremos sujetos a sus efectos, porque la persona puede cometer errores sin mala intención, basada en la idea de que lo que le dije era verdad.
Nuestra vida es un proceso creativo, sea que nos dediquemos conscientemente o no a ese proceso. Las personas inteligentes se esfuerzan por crear de manera constructiva, es decir, tratan de forjarse una vida mejor. Quienes enfocan conscientemente su atención en los pasos adecuados que hay que dar en la vida, están tan sujetos a la ley del karma como quienes cometen algún error, pero los primeros construyen sobre una base más sólida y, como receptores de la ley del karma, para ellos ciertas condiciones serán más favorables por las medidas que tomaron a fin de prepararse para vivir una vida mejor.
En este sentido, podemos comparar todo lo que pensamos y todo lo que hacemos en la vida con ladrillos de construcción. Constantemente construimos nuestra propia estructura; con todo lo que hacemos, con cada acto, con cada pensamiento, vamos colocando un ladrillo tras otro en la estructura que constituye toda nuestra vida.
Si exageramos un poco y pensamos en símbolos, digamos que los ladrillos con los cuales construimos nuestra estructura son negros y blancos. Los blancos constituyen las partes de nuestra vida que hemos construido con buenas intenciones, con ideas virtuosas a las cuales se nos enseñó que el hombre debe aspirar. Las partes que contienen ladrillos negros son aquellas en las cuales sólo hemos tomado en cuenta nuestros intereses y han sido construidas con rencor, codicia, envidia, odio, avaricia y todas las debilidades que se oponen a la virtud.
Al paso del tiempo, inevitablemente llega el momento cuando tenemos que hacer una evaluación de la estructura total, o sea, de la vida que hemos construido: entonces veremos, hablando simbólicamente, que contiene ladrillos negros y blancos; este hecho es aplicable a todos los seres humanos porque, hasta donde sabemos, no ha existido ningún mortal que haya podido construir toda la estructura de su vida con ladrillos blancos únicamente.
Si en el momento de la evaluación final vemos que predominan los ladrillos negros, tendremos que vivir bajo ciertas condiciones que nos brinden la oportunidad de compensar los errores, las injusticias y las maldades que hayamos cometido en el pasado.
Si predominan los ladrillos blancos, entonces tenemos un crédito a nuestro favor, consistente en actos virtuosos que pueden superar una minoría de errores y juicios erróneos intencionales, y estaremos mejor capacitados para enfrentarnos a otras condiciones que tal vez antes no comprendimos completamente.
Sin embargo, nuestra vida no es tan simple como la hemos descrito en párrafos anteriores clasificando simbólicamente nuestros patrones de conducta y nuestros pensamientos con ladrillos negros y blancos, ya que la vida es más complicada. No siempre podemos tomar una decisión con un simple sí o un no: es probable que hayamos realizado algunos de nuestros actos con las mejores intenciones, pero si no obstante esto los ladrillos son negros, es porque no entendimos claramente su alcance cuando decidimos efectuarlos.
Construimos toda nuestra estructura a través de la experiencia. Tenemos que seguir adelante con ella sabiendo que la experiencia del proceso mismo nos ayudará a crear en el futuro una mejor estructura de la que creamos en el pasado —si tenemos el deseo y la inclinación de hacerlo.
En vista de que la cantidad de ladrillos negros y blancos puede colocarnos en una situación donde tengamos que vivir bajo circunstancias que no nos gustan, por lo menos podremos reconocer nuestros errores y en el futuro trataremos de tornar decisiones diferentes. Así como la persona que ha sufrido el dolor al quemarse el dedo puede aprender que no debe meterlo en la llama, así también quienes hemos tenido experiencias dolorosas o infortunadas, podemos aprender a tomar decisiones apropiadas, sopesándolas desde el punto de vista de nuestro conocimiento y nuestra experiencia. No desearemos repetir los mismos errores ni experimentar las mismas dificultades del pasado.
Pareciera que hasta aquí sólo hemos presentado una introducción al tema que nos ocupa, pero lo que nos interesa es determinar si el – karma es individual o si se comparte con otras personas. No es algo individual en el sentido de que usted y yo, como seres individuales, seamos los únicos a quienes afecta.
El karma funciona imparcialmeníe para todos los seres vivos, de la misma manera que la ley de la gravedad afecta a todos los cuerpos sólidos. Sin embargo, cuando dos personas están relacionadas muy íntimamente por lazos familiares, de negocios, sociales o de alguna otra índole, naturalmente el modo de vida de cada persona se verá afectado por la conducta y las contribuciones de ambos.
No estamos aislados: como parte de nuestra experiencia tenemos la obligación de vivir en una sociedad de la cual sólo somos un segmento. Por lo tanto, muchas de las decisiones y los actos que forman parte de nuestro patrón de conducta no están limitados exclusivamente a nosotros como individuos.
Contamos a otros nuestros problemas y analizamos con ellos su posible solución. Por consiguiente, las decisiones que tomamos no están basadas sólo en nuestras conclusiones personales, sino también en los consejos y las sugerencias que nos dan esas otras personas. Es así como nuestra vida se vuelve aún más compleja, porque resulta más difícil averiguar el origen de todos nuestros patrones de conducta y de los procesos de nuestro pensamiento.
Sin embargo, esto no quiere decir que las circunstancias o las condiciones que podrían causarme sufrimiento sean ocasionadas por el karma que me han transferido otras personas, sin importar cuan íntima o superficial sea mi relación con ellas. La manifestación del karma es un proceso individual.
Si actúo, aun cuando lo haga de buena fe, de acuerdo con el consejo de personas a quienes respeto mucho y con las que estoy íntimamente relacionado, ese hecho no me libera de la responsabilidad de mis actos. Si alguien me dijera que ha descubierto una llama que no quema, y a fin de comprobarlo pongo el dedo en ella y me quemo, la quemadura no será menos grave que si hubiera puesto el dedo en la llama por mi propia decisión y sin que nadie me lo sugiriera.
El patrón de nuestra vida depende de nuestra propia experiencia. La evolución es un proceso de grupo, pero toma lugar en cada célula individual de todo ser vivo. Nuestra evolución psíquica, mental y social también toma lugar dentro de los confines de nuestro ser individual. El funcionamiento del karma tiene como propósito que aprendamos de nuestros errores a fin de que evolucionemos más. Al reconocer que hemos cometido errores pero que también hemos tomado decisiones acertadas, compensamos hasta cierto grado los actos y los pensamientos del pasado. Cuando nos damos cuenta de que podemos compensar, estamos en condiciones de agregar otro ladrillo’ blanco a la estructura de nuestra personalidad.

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