Otra idea de Dios

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La segunda gran idea de la humanidad es la idea de dios. Es una de las más importantes a la vista no sólo de la cantidad de gente que a lo largo de la historia ha vivido solamente para contentar a su dios, sino que ha matado por él (o por ellos). Quizá dios no sea la mejor idea que ha tenido el hombre, pero seguro que es una de las más importantes.

Poniéndome en la mente de los hombres primitivos, supongo que dios debió empezar como una superstición: “hoy he salido de la cueva, he girado a la izquierda y ha cazado un ciervo. Ayer giré a la derecha y no cacé nada. Mañana, ¡a la izquierda!”

Volviendo al tema, a partir de la superstición es fácil que aparezcan los dioses. Al fin y al cabo, la superstición es la creencia de que hay una fuerza que no acabas de entender que dicta que las cosas salgan de una manera u otra. A partir de aquí, surge casi inmediatamente la idea de dios. Los dioses explican por qué pasan las cosas y por qué las cosas son como son: explican el principio y el fin, la creación y la destrucción, el rayo y el trueno, el mar y la tierra, el fuego y el aire, las lunas y los planetas. Algunas civilizaciones encarnan a los dioses en animales (vacas, serpientes, toros). Otras en los cuerpos celestiales (el Sol, la Luna, Marte, Júpiter). Algunos en fenómenos extraños que en aquel momento no se entendían (la fertilidad, la cosecha , el tiempo, la muerte). Algunas los mitifican en seres nunca vistos (Zeus, Júpiter o el dios judeocristiano).

De repente, algunas religiones monoteístas que salen de Zarathrusta empiezan a utilizar a los dioses como reguladores de lo ético (según Nietzsche, “Zarathrusta fue el origen del error más profundo de la historia humana: la invención de la moralidad), especialmente el judaísmo y sus dos descendientes importantes, el cristianismo y el islam. En ese momento, dios no sólo explica lo inexplicable sino gobierna sobre la moral, dicta sobre el bien y el mal que deben guiar nuestro comportamiento: no matarás, no robarás, no mentirás, no comerás cerdo… Dios impone una serie de reglas que permiten a las sociedades que las adoptan funcionar mejor que las que no las adoptan (es bueno que en una sociedad no haya robos, asesinatos, violaciones o, si hay triquinosis, no coma cerdo). La idea de dios funciona a través del alma. Es decir, a través de la creencia de que algún componente no físico del hombre (el alma) puede sobrevivir la muerte y de que se puede mejorar el destino de esa alma a través del comportamiento terrenal y de los ritos de la religión, dios o los dioses pueden regular el civismo del hombre sin necesidad de imponer penas reales sino a través de la fe. En este sentido, el invento es sumamente inteligente, en un mundo donde no hay recursos para implementar la ley, la concesión de premios póstumos al buen comportamiento (el cielo, la reencarnación en seres superiores) o impone castigos (el infierno o la reencarnación en seres inferiores), funciona sin tener que demostrar empíricamente ni que existe el cielo, el infierno, el nirvana o la reencarnación. La fe en la veracidad de esas promesas hizo que las personas se comportaran sin necesidad de un estado que imponga las leyes a través de la fuerza y el castigo terrenal.

La idea de dios como explicación de lo inexplicable ha sufrido una muerte lenta y paulatina que empezó con Thales de Mileto y los filósofos de la antigua Grecia. Aristóteles proclamó que todos los fenómenos naturales tenían una explicación y respondían a algún tipo de ley natural y no a la arbitrariedad de los dioses y sus titanes y que esa ley se podía descubrir a través de la observación, a través de la inducción. El cristianismo y la obsesión teológica sepultó esas ideas durante un milenio hasta que Santo Tomás redescubrió a Aristóteles a través del Islam y lo intentó casar con la teología cristiana. A partir de entonces, el cristianismo que hasta entonces había sido impermeable para con la ciencia empezó a permitir el pensamiento independiente. La revolución científica ha ido comiéndose el terreno de los dioses hasta dejarlo en casi nada. De hecho, hoy día las leyes de la naturaleza saben cómo explicar desde el big bang hasta el ADN y desde la primera célula viva hasta el ser humano. Pero todavía hay tres cosas que no podemos explicar y para las que necesitamos a dios: La primera, ¿quien puso el punto inicial que explotó en el big bang? Es decir, ¿Cuál es el origen del universo? La segunda, ¿cómo pasar de ADN a vida? Es decir, ¿cuál es el origen de la vida… y por ende, qué pasa después de la muerte? Tercera, las leyes de la naturaleza lo explican todo, pero… ¿quién ha hecho esas leyes y por qué esas leyes son así? En este sentido, dos de los grandes científicos de todos los tiempos, Newton y Einstein eran profundamente religiosos y decían que lo que estaban haciendo no era substituir a Dios, sino descubrir las leyes que les permitían saber cómo pensaba dios.

La idea de dios como organizador de sociedades a través de la manipulación de la moralidad de sus individuos también ha perdido terreno, aunque en menor medida, ante el estado. Los estados han organizado maneras de perseguir comportamientos “indeseables” no a través de difusas amenazas infiernos o reencarnaciones, sino a través de castigos terrenales inmediatos: la cárcel o la pena de muerte. La gente que no cree en dios no roba, no porque se lo diga dios sino porque teme ser capturado por la policía y castigado por la autoridad legal.

Es interesante resaltar que la gente que cree en dios tiende a ser más feliz. No sé si es porque dios todavía explica lo que pasa después de la muerte y la gente que cree en la felicidad eterna afronta la muerte con menor temor. No lo sé. Lo que sí sé es que ese aspecto positivo debe estar en la balanza que nos dice si dios ha sido un buen invento o un mal invento. En el otro plato de la balanza está, lógicamente, el odio, las persecuciones, sacrificios y los crímenes que se han cometido en nombre de algún dios.

 

Fuente: http://www.salaimartin.com/

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Dondequiera que estaba ella, ahí estaba el Edén.

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Adán y Eva, según las creencias judía, cristiana y musulmana fueron los primeros seres humanos (hombre y mujer) que poblaron la Tierra. Fueron hechos por Dios (Yahweh en el judaísmo y Alá en el islamismo) en el sexto día de la creación. Según la Biblia y el Corán, Adán fue creado primero, y Dios, al verlo solo, decidió que necesitaba una compañera que fue creada partiendo de una costilla1​ del hombre. Los primeros hijos de la pareja fueron Caín, Abel, y posteriormente Set.

Según el Mito bíblico Adán y Eva fueron los primeros humanos que habitaron el planeta. Si bien su historia y caída representan cuestiones que van más allá de meros conflictos de pareja, la historia de amor de Adán y Eva resulta tan interesante como poco explorada.

Tanto el Antiguo Testamento como el Corán sostienen que Adán y Eva aparecieron en el sexto día de la creación, aunque en este sentido hay algunas discrepancias cronológicas. La única coincidencia a lo largo de todos los mitos de Adán y Eva es la sospecha de que él fue el primero en nacer. Según el Libro del Génesis su cuerpo fue creado de polvo y arcilla a través de un procedimiento de “alfarería”, y su alma fue inseminada a partir de un soplo divino.

Ahora bien, la Biblia no logra ponerse de acuerdo sobre el momento de la creación de Adán y Eva. En el primer capítulo del Génesis se nos informa que fueron creados en el sexto día, tras la aparición de las plantas y los animales (Génesis 1:11-27). Pero en el segundo se afirma contradictoriamente que Adán fue creado en primer lugar, y que tras su él aparecieron las plantas, los animales, y finalmente Eva (Génesis 2:5-25).

Poco sabemos acerca de esta historia de amor. Ya sea por deslumbramiento o por falta de opciones, la pareja se unió y juntos engendraron a Caín, Abel, Set y posteriormente a otros hijos e hijas a los que la Biblia no les adjudica ninguna importancia.

Tras el episodio de la tentación, es decir, del engaño de la serpiente y la trasgresión de comer del árbol del conocimiento, Adán y Eva fueron expulsados del Edén, es decir, fueron castigados con la pérdida del favor divino.

Este acto de desobediencia y el posterior castigo de Dios fueron -filosóficametne hablando- el nacimiento de la humanidad. ¿En qué consistió aquel castigo? Precisamente en la materialización de las cosas que nos vuelven humanos: muerte, dolor, vergüenza y trabajo.

Ahora bien, la historia de amor de Adán y Eva continuó, con algunos sobresaltos, fuera del Paraíso. La Biblia se ocupa poco y nada sobre estos hechos. Solo nos informa que tuvieron varios hijos e hijas además de Caín y Abel, y que Adán murió a la asombrosa edad de 930 años.

El único episodio posterior al exilio del Edén que es relatado en detalle es el asesinato de Abel a manos de Caín y el consecuente castigo del fratricida.

Las “escenas de la vida conyugal” de Adán y Eva exceden a los libros canónicos. Para encarnar personajes de tamaña envergadura es muy poco lo que sabemos sobre ellos. ¿De qué murió Eva? ¿Cómo fue su vida posterior al exilio? ¿Estaban realmente enamorados…?

Como era de esperar, estos interrogantes no son evacuados por los libros sagrados, al menos por los libros aceptablemente sagrados. Cuando la Biblia dice su última palabra acerca de Adán y Eva nos vemos obligados a considerar a otras fuentes, a menudo más antiguas que las “oficiales”.

Y si hablamos de fuentes, la que mejor y más profundamente habla sobre la historia de amor de Adán y Eva es un texto muy antiguo llamado el Apocalipsis de Adán, descubierto en 1946 y parte estructural del corpus de Nag Hammadi. Esta obra fue escrita por los gnósticos en la antigua lengua copta.

Allí se nos cuenta que al cumplir 700 años Adán sintió la necesidad de aclarar algunas cuestiones de su pasado a su hijo Seth. En su primera declaración sostiene la inocencia de Eva y su importancia en la construcción de la humanidad. Adán sugiere que gracias a Eva conocieron al verdadero Dios, es decir, a un Creador que nada tiene que ver con el vengativo y restrictivo Dios que conocieron en el Paraíso; en definitiva, un impostor.

Frente al desconcierto de Seth, Adán se pregunta qué clase de Dios pondría un árbol prohibido a disposición de quienes no debían comer de él. La respuesta a este interrogante se sucede con total naturalidad: un dios que busca la trasgresión.

Adán denuncia que el Dios del Génesis es un Dios falso, un impostor vil y volátil capaz de condenar desproporcionadamente a sus hijos por seguir los mismos instintos que Él les insufló con gran prolijidad. No niega que este Señor sea en definitiva el creador del mundo, pero rechaza la idea de que sea el hacedor del universo. En este sentido Adán defiende las teorías gnósticas que proponen que muy por encima de aquel Dios rabioso del Génesis existe un Dios Absoluto, cuya faz se verá representada en Cristo.

Para probar su sospecha Adán recurre a la filosofía. ¿Por qué un Dios Perfecto crearía cosas Imperfectas? La respuesta más simple nos obliga a considerar que aquel dios tal vez no sea perfecto, y que sus creaciones imperfectas se corresponden con las suyas propias.

Acto seguido Adán rompe en llanto, triste y melancólico, mientras cuenta la misteriosa muerte de Eva. Calla sobre la causa del deceso pero desliza que en su muerte están involucrados algunos sicarios angelicales.

Recién allí, cuando estuvo solo, el viejo Adán resolvió romper su pacto de silencio y profetizar aquellos pensamientos siniestros que lo atormentaban desde los primeros días del exilio.

Antes de finalizar conviene repasar una respuesta demoledora de Adán. En cierto momento Seth le pregunta por qué no cuestionó la decisión de Dios de expulsarlos del Paraíso y por qué se sometió mansamente a las sugerencias gastonómicas de Eva. Adán responde que ninguna de esas cosas era realmente importante. Lo único importante era Eva. Y que siempre que la siguiera estaría en el Edén.