Cuando morimos . ( 5 )

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Es importante entender que el Karma no es un proceso que opera en la naturaleza. Es un proceso que opera en la mente humana. No es un sistema de “castigo” y “premio”. No es un “sistema de juicio”. Karma es una reacción. Tu reacción a cualquier experiencia, interna o externa, motivada por el apego o el rechazo, la cual deja un rastro en tu mente. Ese rastro mental condiciona tus reacciones subsecuentes, las cuales a su vez crean más rastros mentales, los cuales determinan futuras reacciones, y así el ciclo continúa. Ya que tus reacciones gobiernan tus acciones, el proceso del Karma si no se observa a consciencia, determinará el curso de tu vida. Causa y efecto. Es nuestra reacción a las circunstancias y no las circunstancias mismas lo que produce un rastro kármico. Cualquiera que sea tu reacción, crea un residuo kármico correspondiente. Tal residuo no es bueno ni malo en sí mismo. Es simplemente una tendencia reforzada a raccionar con la misma reacción, provocando que sea más común que te encuentres en situaciones en las que tu reacción pueda ser expresada. Desde la observación de psicología occidental se considera como una búsqueda inconsciente de situaciones empáticas, es decir la misma situación repetida. A medida que el individuo disfrute la sensacion de control y poder sobre los demás durante el proceso de obtener sus deseos, comenzará a cultivar tal reacción específica; desafortunadamente el residuo kármico que dejan las reacciones negativas, tales como el enojo, nos acerca cara a cara a situaciones en las cuales esa misma respuesta se convierte en algo necesario. Como resultado perdemos amigos y sufrimos el vacío de nuestro aislamiento emocional.

Las enseñanzas Tibetanas nos dicen que en el proceso de la reencarnación la acción del Karma es algo evidente. Para aquellos que no ven la “luz clara” y se atoran en el mundo de sueño bardo (entre-vidas), la reencarnación es inevitable y las circunstancias de su siguiente vida son determinadas por los residuos kármicos que nosotros mismos creamos.

También enseñan que hay seis posibles  “dimensiones” en las cuales uno puede renacer, cada una resultado del residuo kármico predominante: La dimensión de el Infierno, la dimensión de el fantasma hambriento, la dimensión animal, la dimensión humana, la dimensión del demi-dios y la dimensión de los dioses.

En la dimensión del infierno existen nueve infiernos calientes y nueve infiernos fríos en los cuales eres torturado a muerte , resucitado, y después torturado a muerte otra vez, infinitamente. La raíz emocional de la dimensión del infierno es el enojo, lo cual provoca la pérdida de el auto-control y eventualmente inclusive la consciencia de uno mismo. Mi sugerencia…no te quedes atrapado en tu enojo.

En la dimensión del fantasma hambriento la raíz emocional es la avaricia, definida como un nivel de deseo que no se satisface nunca. La avaricia se caracteriza por el hábito de buscar satisfacer nuestras necesidades con cosas externas, algo que sólo puede ser logrado en el interior del ser. Si tus residuos kármicos son rastro de la falta de tu generosidad, puedes terminar siendo un fantasma hambriento vagabundeando un mundo cruel sin esperanza alguna de satisfacción, con un estómago enorme y una boca y garganta muy pequeñas para que nunca puedas comer lo suficiente, viviendo en un desierto sin agua. Un consejo…practica el agradecimiento. Tu generosidad se desarrollará.

La dimensión animal es dominada por la ignorancia.  La reencarnación es en el cuerpo de una bestia, salvaje o doméstica, viviendo una vida de instinto, depravación y miedo. La semilla de esta dimension es el no ver más allá de las apariencias inmediates para entender la realidad de la naturaleza propia y del mundo alrededor. Recomendación…se de mente abierta.

El orgullo es la característica de la dimensión de los demi-dioses. Los asura viven una vida de abundancia y comodidad, pero viven frecuentemente en la guerra. Casi siempre están peleando, pierden ante los dioses, lo cual genera un orgullo lastimado que conduce a más guerra, más pérdida, más orgullo lastimado, más guerra, más pérdida, y el ciclo continúa sin fin. Antídoto… practica la PAZ.

CONTINUARA .

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